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ANTONIO NÚÑEZ
León

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El Ente Regional de la Energía (Eren), de la Junta nada menos, el colegio público Ponce de León y el concejal de Tráfico, Ricardo Gavilanes, para entendernos el cabrito de las multas, han redescubierto el coche de San Fernando, ya sabe usted: un rato a pie y el otro andando. Lo han bautizado como pedibús y consiste en que los chavalines vayan a clase a pinrel aprovechando que todos están uniformados con zapatillas deportivas. Dicen que es por lo del abuso del coche privado, lo de la contaminación y no sé cuántas bobadas más. Coño, para la próxima podrían inventar el motor de agua.

Consiste el pedibús en que chavalines de entre cuatro y doce años vayan a clase con dos pinreles por rutas y barrios muy señalados sobre todo el de San Mamés y acompañamiento de familiares, voluntarios y profesores, si bien estos últimos no creo que salgan gratis, buenos son. Esperan también la colaboración de los comerciantes de la zona y digo yo que para recordarle a más de uno lo de «dile a tu madre que le tengo apuntados en la carnicería más de cien euros en filetes del mes pasado». En fin, cosas de la crisis.

Aseguran el concejal Gavilanes y compañía que el programa pedibús tendrá carácter experimental hasta enero y luego a lo mejor se prorroga o extiende a otros centros según modelos ya ensayados con éxito en numerosas ciudades del mundo mundial, entre otras Nueva York. Hombre, podría ser, pero con el clima de León se recomienda que los chicos vayan seguidos como poco de un esquimal y, dependiendo de qué días lectivos, equipados de esquíes y paraguas. Las mochilas, por supuesto, deben ser de ruedas y cada equis cien metros contar con un taller de reparación dado el estado de las aceras municipales, lo que no deja de ser una forma de crear empleo autónomo como otra cualquiera. El único problema es que tan completo equipamiento iba a restar fondos públicos para el famoso proyecto educativo de un ordenador por cada niño. Personalmente no me parece mal, porque se aprende más leyendo.

Uno cree que los chavalines van a acabar en las aulas como el negro del sermón, léase con los pies fríos y la cabeza caliente, y que el ahorro del coche de papá o mamá en emisiones de CO2 a la estratosfera —otra chorrada que viene textual en el proyecto pedibús— se acabe gastando en aspirinas para la gripe. Hay sanjuanadas que no compensan.

Sin embargo la idea de Gavilanes no es mala sacándola de un contexto infantil. ¿Por qué no implantar el pedicocheoficial en el Ayuntamiento, la Diputación y la Junta, pongamos por caso? Por ejemplo, va un alcalde o una presidenta de Diputación —joder, qué bugas— y le dice al chófer «Fulano, llévame hasta la esquina», a lo que el aludido debería responder que «con mucho gusto acompañaré a pinrel a su ilustrísima». Tomen nota los sindicatos para que no lo amorticen como a otros empleos. Es lo mínimo.

Volviendo a los chavalines, debo reivindicar que la patente del pedibús la tiene un amigo mío divorcieta cuya opinión sobre el ligue es que está ya muy saturado y emputecido de noche en el Barrio Húmedo mientras que llevas muy de mañana y de la mano al niño hasta la puerta del cole y allí palpitan la tira de mamás de edad acorde con la del vastaguín. Pienso que exagera y que, en todo caso debería matricular al nene en el Ponce de León.

Suponía uno que los sueldos públicos que cobran de nuestros impuestos concejales, maestros e investigadores del Eren se les pagaba para ideas menos botarates que el pedibús. Oiga, eso no se le ocurre ni al que asó la manteca, aunque estos chefs reclamen que también se puede hacer en su punto. Ya me gustaría a mí, después de quemarme cinco años los morros en la universidad, evaluarlos antes de que nos vendan la burra de que igualmente ellos progresan adecuadamente. Se iban a enterar en las becas, digo en los despidos.

Mi amiga Maricruz, hermana carmelita que todas las Navidades me felicita las pascuas a sus casi ochenta años y pregunta, por un casual, si me sobra alguna agenda de las que me regalan, sigue interesándose por cómo le va a mi hija Catalina en una universidad forastera porque había sido alumna suya. No conozco a ningún profesor o profesora funcionario de la pública que hagan lo mismo que la monjita.

Como mi amigo el divorciado yo quisiera igualmente rejuvenecer y repetir curso, pero no a su estilo.

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Según en qué colegio, ay Maricruz.