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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

La Fiesta de la Sagrada Familia fue introducida por el Papa León XIII en 1893 y nos ayuda a ver la encarnación de Cristo en un contexto que conlleva unas consecuencias culturales y sociales. Efectivamente, el Hijo de Dios se hizo hombre en un tiempo y lugar concretos, en una familia, un hogar, una ciudad y un medio cultural determinados. Allí creció como un judío, aprendió el oficio de carpintero e hizo amigos. En Nazaret se formó y preparó para su misión. Fue un trabajador, galileo, de padres conocidos. Fue un verdadero hombre, pero no olvidamos su naturaleza divina: adoramos al Hijo del Dios vivo que se hizo hijo en una familia humana.

Navidad es un tiempo familiar, que nos ayuda a volver a los orígenes, a las raíces, a la familia. En el plano espiritual nuestras celebraciones litúrgicas nos llevan a renovar nuestros «orígenes sagrados», al recordar a un Niño, un establo, un pesebre. Allí comenzó todo. Es en el hogar donde todos nosotros aprendimos la fe por primera vez.

Herodes busca al niño para matarlo y esto sigue pasando. Se acepta socialmente que los hijos son propiedad privada de los padres y, en consecuencia, se olvidan los derechos del niño. Y no es cuestión de malos tratos físicos. Hay padres que no les ofrecen la seguridad, atención y cuidado necesarios para crecer dignamente. Es un signo más de una sociedad egoísta e hipócrita donde defendemos los derechos que nos interesan y donde olvidamos los de los más débiles y pequeños. Este día de la Sagrada Familia nos ayudará a revisar cuál es nuestra actitud en el seno de nuestras familias. ¿Qué acogida se da a los hijos en el hogar? ¿Reciben ternura y respeto? ¿Qué dedicación les prestamos? El futuro de la humanidad se está haciendo, en gran parte, en nuestros hogares. Los niños que crecen sin afecto serán los hombres violentos del futuro. Los jóvenes que no conocen la ternura serán los causantes de la agresividad social.

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El ser humano está condicionado por su pasado. La vida se va fraguando con el tiempo y el pasado o es un tesoro o es un lastre. Nadie parte de cero. Somos resultado de la genética, el clima, la geografía, la cultura y también de lo que buscamos cada uno. Las frutas maduran con el sol y los hombres maduramos al lado de otras personas. Todo hijo es de sus padres y del grupo humano en el que nace y crece. Por suerte o desgracia. Todo niño es como una ventana que, viéndolo vivir y desenvolverse, nos abre a los valores y contravalores de su familia o de su pueblo, ya que el niño imita los estilos y actitudes fundamentales de sus mayores y así adquiere el peculiar estilo de los suyos. A José y a María se les confió la crianza de Jesús, que siendo Dios era y es hombre verdadero. De ellos recibió el estilo moral de la vida, que acabó en él llegando a la formulación de las Bienaventuranzas y a una vida moralmente perfecta. ¿Son nuestros hogares escuelas de paz, de laboriosidad, de honradez, de respeto mutuo, de amor?