EL PAISANAJE
Campanadas
Como campanazos. Todavía quedan dos días del 2013, así que toque madera. El miércoles ya será 2014, así que tiemble. Se va un año que fue peor que el anterior, lo cual parecía imposible. La única explicación racional es que acababa en trece y, además, empezó en martes. A los paises anglosajones no les ha ido tan mal, quizá porque ellos sólo le temen a los viernes y trece.
Cada cultura cree en su propio horóscopo y en cuanto a los chinos, que nunca cierran el bazar ni para celebrar la navidad de Confucio, bautizan a los años como del dragón, de la rata, del caballo, etcétera, y aseguran que todos son buenos. Hace un par de meses desfiló por las calles de León la colonia china en la celebración de ya no me acuerdo qué año animal de los suyos. Serían unos doscientos, aunque pensándolo bien y como desfilaban todos tan iguales dudo ahora si no sería el mismo chino que pasaba doscientas veces porque el bazar de mi esquina seguía abierto con otro chino dentro.
En fin y ya sin coña, este país enfila el 2014 con los mismos problemas que el 2013, o sea con seis millones de parados, se dice pronto, que es lo único que Montoro no sabe recortar. El resto lo tiene a huevo y encima se crece en su ruin estampa, nada acorde con el apellido. Ni con el nombre de pila, Cristobal, más propio de las anchas espaldas de los camioneros que tienen por patrono a San Cristobalón, el que al transportar a cuestas al Niño casi se desloma porque llevaba encima nada menos que los problemas de la bola del mundo. Si llega a ser Montoro hubiera recortado por el meridiano de Greenvich y tan tranquilo.
Hay una cosa clara y es que después de la crisis nada volverá a ser lo mismo por lo menos en una generación, de modo que chavales universitarios o no sacad buenas notas... y el pasaporte. Enchufa uno la tele y los programas que más molan son los titulados «Leoneses por el mundo» o españoles en general. Han emigrado en todas las direcciones de la rosa de los vientos, desde las antípodas como Nueva Zelanda y Australia —cabe usted un pozo y verá dónde sale al final— hasta la China y el Japón, el Cipango medieval de Colón y Marco Polo, solo que con más conocimientos y saberes que los dos juntos. Se ganan allí la vida, porque en España ni siquiera la empatarían, y resultan enternecedoras las respuestas cuando el entrevistador de la tele les planta la alcachofa en la jeta. Contestan siempre lo mismo: añoran a la familia, los de León también los vinos mañaneros del Barrio Húmedo e invariablemente todos el cocido, se supone que el de mamá. Es tanta la añoranza del garbanzo autóctono que yo mismo puedo aportar el testimonio de un pariente cercano, antaño exiliado en Chicago, según el cual la mejor forma de celebrar el fin de semana era precisamente esa: juntarse el sábado para comer un cocido, plato universal donde los haya, después de cinco días de curro, hamburguesas y perritos calientes.
Ese es el futuro para los chicos. Dice mi hija Catalina, estudiante de una ingeniería de lo más jodido en Gijón, que el tablón de anuncios de su facultad está plagado de ofertas de trabajo en Alemania, así que por las tardes las academias para aprender alemán no dan abasto. Decía Zapatero que teníamos la generación de jóvenes mejor formada de la historia. Efectivamente, pero se nos escurre entre las manos y a eso se le llama exportar capital humano que ha costado mucho crear aquí para que ahora se aprovechen los de fuera. Aquellos tiempos de «Ven a Alemania, Pepe» de Alfredo Landa eran otros. Afortunadamente también.
Miras todos los días la cara de Rajoy en el telediario y no sabes si la prima de riesgo sube o baja, yo pienso que él tampoco se entera, así que llamas a tu prima la de Berlín y preguntas a cómo está la suya. «Yo no debo nada a nadie», me dijo muy seca ayer. Qué envidia le das a la hipoteca de la casa, hija, y no se te ocurra volver hasta que pase la ciclogénesis explosiva de la economía, coño cómo sopla por estos andurriales.
Estas cosas son las que mayormente interesan del 2014, aunque yo que usted lo daba ya por perdido. Y el siguiente y el siguiente, digan lo que digan Montoro, de Guindos y la madre que parió a los dos, que no tiene culpa ninguna, pero de alguien habrá sido. Oiga, un país no se arruina sólo, aunque todos los políticos dicen que ellos no. Habría que registrarlos manos arriba.
Estos son los pronósticos para el año nuevo. Qué se le va a hacer.