Los obispos ven un «avance positivo» en la reforma del aborto
La Conferencia Episcopal tacha la norma de «injusta» y advierte de la excomunión.
El portavoz de la Conferencia Episcopal, Gil Tamayo.
Los obispos admiten que la reforma del aborto que prepara el Gobierno supone un «avance positivo», aunque sigue siendo una «ley injusta». El portavoz y secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, aseguró que a pesar de las restricciones que establece la iniciativa diseñada por el ministro Ruiz Gallardón, «nadie tiene derecho, en ninguna circunstancia, a quitarle la vida a ser un humano».
Para la jerarquía eclesiástica, autorizar la interrupción del embarazo en caso de malformación fetal es una forma de eugenesia, «de selección de la especie». El aborto sigue comportando la pena de excomunión, una medida con la que la Iglesia quiere «resaltar la especial gravedad de un pecado o un comportamiento en una determinada época». Por eso condenó en su momento la usura, que el Papa Francisco tildó el miércoles de «dramática plaga social».
Quien procure el aborto o incurra en él de manera consciente está expuesto a la pena de excomunión ‘latae sententiae’, es decir, queda automáticamente expulsado de la Iglesia sin necesidad de que intervenga una autoridad eclesiástica.
Sin excepciones
Con el pronunciamiento de los prelados, el Gobierno consigue un apoyo a la polémica reforma patrocinada por el Ministerio de Justicia. No obstante, la postura de la Iglesia no contempla excepciones y su execración del aborto es total. «La eliminación de un ser inocente nunca es la solución a un problema porque, en ese caso, acabaríamos en el mundo con el hambre, eliminando a las personas, y así se tocaría a más».
La jerarquía eclesiástica abomina de los horrores de la «cultura del descarte» y apuesta por leyes que acompañen a los «más débiles y necesitados». Los prelados se remiten a las palabras de Jorge Mario Bergoglio para realizar un ejercicio de moderada autocrítica. «Hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza».