En 2012 hubo 4.936 casos de padres agredidos por sus hijos

Las denuncias por violencia filio-parental se multiplican por cuatro en cinco años.

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d. valera | madrid
León

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Comienza con insultos, sigue con amenazas y acaba en violencia física. Esa es la secuencia de la agresión filio-parental, un problema cada vez más extendido en la sociedad y que afecta a más progenitores. «Es un tema tabú. Silenciado. Pero que va a más», explicó ayer el psicólogo y ex defensor del menor de la Comunidad de Madrid Javier Urra. Y es que las denuncias por agresiones de hijos a padres se han multiplicado por cuatro en los últimos cinco años. En concreto, en 2012 se registraron 4.936 casos de este tipo en la Fiscalía de Menores, lo que supone el 16,6% del total de procedimientos abiertos. Sin embargo, los expertos advierten de que estos datos están muy por debajo de la realidad, ya que en muchos casos los padres no denuncian porque tienen vergüenza de reconocer dichas agresiones.

Para tratar de dar a conocer y concienciar a la sociedad sobre este problema se ha constituido la Sociedad Española para el Estudio de la Violencia Filio-Parental (Sevifip) en la que participan diversas organizaciones sociales. Entre sus objetivos se encuentran «promover estudios y las investigaciones» sobre este tipo de violencias, compartir los resultados de dichos trabajos y la realización de jornadas técnicas.

Violencia psicológica

Un 3,2% de los menores entre 13 y 17 años admiten haber agredido físicamente a sus padres más de seis veces en el último año. La cifra aumenta hasta el 14% en los casos de violencia psicológica (insultos y amenazas), según los datos recabados por el centro Euskarri en Vizcaya. «Los chicos recurren más a la violencia física y las chicas a la psicológica. Además se agrede más a las madres que a los padres porque están más implicadas en la educación de los hijos», aseguró Roberto Pereira, director de Euskarri.

Una de las mayores dificultades para detectar este tipo de violencia es la tardanza de los progenitores en denunciar. «Si hay algo difícil es poner una denuncia a un hijo», reconoció Francisco Romero, del equipo técnico de la Fiscalía de Menores. A eso hay que unir la vergüenza que sienten al tener que reconocer esa realidad. Así, no es extraño que los padres maltratados tarden una media de 18 meses en denunciarlo judicialmente desde el primer momento de agresión, según datos de la Fiscalía. En este sentido, los expertos insistieron en la importancia de que los progenitores den el paso de acudir a la justicia para marcar un límite a los agresores. «Nosotros les animamos siempre a que denuncien. Los menores deben saber que existe una consecuencia a sus actos», explicó el responsable de Amalgama-7, Jordi Royo. También insistió en la importancia de que los padres no devuelvan la agresión, «o el problema se complicará todavía mucho más».

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Los expertos recuerdan que esta violencia se da en todo tipo de familias (monoparentales, divorciadas, homosexuales…). Tampoco influyen demasiado las clases sociales ni el nivel cultural. «En el 60% de las familias uno de los dos progenitores son licenciados universitarios», afirmó Royo.