Diario de León

Gente de allí | Los guardianes del presidente

La última borrachera

Algunos integrantes del servicio de escolta del presidente Obama no «representan al pueblo de EE UU»; tres han sido suspendidos por borrachos.

Barack Obama, acompañado de su amplio grupo de escoltas, se dirige hacia el Vaticano.

Barack Obama, acompañado de su amplio grupo de escoltas, se dirige hacia el Vaticano.

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m. gallego | nueva york
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Ámsterdam es una ciudad acostumbrada a extranjeros de juerga, pero ésta ha sido la primera vez que los empleados del hotel Huis Ter Duin, situado a 15 minutos, se encuentran a un agente de los servicios secretos de Barack Obama durmiendo la borrachera en el pasillo.

Estremecidos al conocer la identidad del hombre al que hallaron inconsciente, la dirección del hotel llamó a la Embajada de EE UU en Holanda, y ésta al director del equipo de los servicios secretos que había viajado hasta allí para preparar la asistencia del presidente a la Cumbre de Seguridad Nuclear. El portavoz de los Servicios Secretos Ed Donovan confirmó el martes a The Washington Post que tres de sus hombres habían sido «enviados a casa y suspendidos por cuestiones disciplinarias». Según el rotativo, el equipo tenía que haber entrado en servicio para reuniones clasificadas el domingo, por lo que pasar la noche del sábado bebiendo hubiera violado la regla que les impide beber en las diez horas previas a su entrada en servicio.

Los tres agentes disciplinados son parte de un equipo de cientos de personas del Departamento de Estado, las fuerzas armadas, los servicios secretos y otras agencias gubernamentales que preparaban el viaje del presidente a una cumbre a la que atendieron una docena de líderes mundiales. Uno de los involucrados era considerado «líder» de su equipo, aunque las fuentes del rotativo estadounidense aseguran que no tenía ningún puesto de supervisión.

«Cuando viajamos fuera del país representamos al pueblo de EE UU», les había recordado el presidente tras el escándalo de la Cumbre de las Américas en Cartagena de Indias. Entonces fue una prostituta a la que no le quisieron pagar los 45 dólares de sus servicios la que alertó a los empleados del hotel. Si al principio Obama no quiso emitir juicios prematuros sobre los hombres que «cuidan de mi seguridad y la de mi familia», recordó, el incidente sirvió para destapar toda una cultura de hábitos inapropiados que se conocía dentro del cuerpo como «wheels up-ring off» (ruedas arriba, anillo fuera).

El presidente Obama nombró a Julia Pierson, de 54 años, como la primera mujer en dirigir el cuerpo, eminentemente machista, con la idea de limpiar su nombre e imponer una cultura más decorosa.

Pierson viajaba en el Air Force One con el presidente cuando tres de sus hombres volvían a casa suspendidos por la tremenda borrachera.

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