EL ABANICO
Stop al turismo de la pobreza
Seis meses, seis, es el plazo que da el gobierno alemán a aquellos ciudadanos europeos que vayan a ese país en busca de empleo para que lo encuentren. Una medida polémica que entrará en vigor en junio y que pone de manifiesto las dificultades de los más necesitados para moverse por la Comunidad Económica Europa, y que contrasta con las facilidades que esos mismos gobiernos dan a los más ricos para que compren mansiones, e inviertan su dinero en negocios no siempre suficientemente limpios. Lo que supone una discriminación en toda regla.
La medida que ya se aplica en Bélgica, Holanda, Suiza, y Reino Unido, aunque con distinta letra, se toma, según dicen, para evitar los problemas que genera la entrada de trabajadores rumanos y búlgaros en Alemania, lo que les permite disfrutar de un generoso sistema social que en ningún caso tienen en sus lugares de origen.
No sé los argumentos que van a emplear los gobernantes de esos países para convencer a búlgaros, rumanos, españoles, italianos, franceses, griegos, y portugueses de que voten a los representantes de unos organismos que les están condenando a la miseria, al desempleo, a la falta de una vida digna. No lo sé y me preocupa ese sentimiento tan extendido de que todos los inmigrantes son unos desalmados.
Dice la líder del Frente Nacional francés Marine Le Pen respecto a la entrada de inmigrantes en Ceuta y Melilla, que la única manera de acabar con el problema es negarles la asistencia sanitaria, y agrego yo, y a ser posible también el pan y la sal...
Todos sabemos que el tema de la inmigración es complejo, que se ha visto agravado por la grave crisis que estamos padeciendo y que está dejando en la estacada a miles, millones de familias que han perdido sus empleos; de ancianos que ven recortados sus derechos, y a los que la pensión ya no da para tapar tantos agujeros como tiene su familia, pero no creo que la solución esté en ponerle puertas al campo, y si no tiempo al tiempo.