CORNADA DE LOBO
Una misa/mesa
Tenía que tocarme a mí (que no comulgo) el oficiar de celebrante en una misa/mesa electoral... ¡presidente de mesa/misa me tocó!... qué puntería.
Eso son muchas horas viendo desfilar gente, montón de personal adulto y responsable (suena a irresponsable si se lee en voz alta esta línea), horas tediosas sin anécdota especial, día sin alborotos ni alborozos, aunque siempre se diga que las elecciones son la fiesta de la democracia y otras cosas aún más líricas... ¿fiesta?... pues me pareció ver mucha cara seria o azarada como de ir al médico o a declarar al fisco, alguna con risueño postizo y casi todas despistadas averiguando a cuál de los tres altares allí dispuestos tenían que dirigirse para comulgar por Pascua Electoral Florida como manda el catecismo civil del padre Astilla... y eso quiere decir ceremonia breve, algo así como «cucharada y paso atrás».
El domingo fue a comulgar menos de la mitad de los llamados a la mesa del señor (europarlamentario). Normal. A la otra mayoritaria mitad le aburre el engorro, prefiere zapateta a papeleta o anda rabiada, así que se esperaba más abstención. El runrún lo decía. Pero se ve que hubo rescoldo de conciencia a última hora y se fue a votar, aunque no tanto para apoyar a unos como para tirar contra otros, pues lo que le gusta a España es votar siempre contra , se lo pide ese cuerpo suyo abierto en canal. Aquí se cree a medias en la ley de los nuestros, pero el odio a los otros es aún más fuerte y motivador. Es esa España que, cuando alguien le pide el voto o que crea en su dios, dice Home sí, no creo en mi dios, que es el verdadero, ¡¿voy a creer en el tuyo?! ... Pues entonces, a votar contra . Y aunque no se llegó a medio censo, se superó el índice de la última vez, o sea, no vino el lobo de la abstención furiosa y se quedó en el monte de las tres cruces.
¿Por?... muchos votantes de Podemos no hubieran ido jamás a urnas de no haber tenido la opción de un Pablo Iglesias en plan pablorromero ; otras opciones también movieron voto airado (menos). En fin, los indignados no creen mucho en el sistema, pero aprenderán a utilizarlo. La pirámide trepida.. y la casta se pone nerviosa.