Carta sin sello
Estimado otoño:
Comprendo que quiera retirarse a sus cuarteles de invierno. Llega de nuevas y se encuentra con que por todas partes se vaticina que será un «otoño caliente», como si fuera un viejo verde. ¿Y la primavera, que inventó la minifalda? Pero, tranquilo, tal expresión no hace referencia a su libido sino a la de los políticos. La erótica del poder de algunos y algunas echará chispas. No va, pues, por usted. Por ejemplo, mi madre me advertía: «¡niño, no me calientes que te caliento!». Todos sabemos que es estación serena, musa de rimas y de tos romántica. Ya quisiera el verano. Además, hay muchas clases de calentamientos. Hace años, el alcalde Miguel Martínez me dijo: «te leo porque tienes una mente calenturienta, cuando escribes le das un doble sentido a tus palabras». Pregunté perplejo: «¿Quieres decir que cuando escribo melón con jamón realmente quiero decir melón con jamona?». Contestó: «eso, eso». Discrepé, pero no por ello me pasé a la sandía. Sea bienvenido a nuestros cielos y parques, a nuestra melancolía. Está usted en su casa. De nuevo.
Días cortos y amores largos