GENTE DE AQUÍ

«Sólo pido comprensión»

Libertad García tiene 101 años y, desde la residencia en la que vive hace casi dos, pide respeto a la vejez: «Cuando vosotros vais yo vengo»

Libertad García, ayer en la residencia en la que vive

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CARMEN TAPIA | LEÓN
León

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Libertad García tiene 101 años. Es una de las 273 personas centenarias de León y forma parte del colectivo de 33.000 personas mayores de 65 años que viven en la ciudad y en las que pensó la ONU para instaurar el Día del Mayor, que se celebró ayer.

Libertad pensó en cambiarse el nombre en su adolescencia pero su familia, incluido un primo sacerdote, le quitó la idea. «Tenía quien mandara sobre mí», repite. Ahora no lo cambiaría por nada. Nació en el centro de León, en Burgo Nuevo, y nunca pensó en el matrimonio. A la pregunta de por qué no se casó contesta con un: «No me líe» y aclara: «Tuve un montón de pretendientes» —dice juntando los dedos de las dos manos— «pero no me gustó ninguno. Yo sólo quería reir y divertirme con mis amigas». Ahora repite esa misma consigna como consejo. «Recomiendo a la gente joven que se cuide y se ría y si a los demás no les gusta que se fastidien». Es su manera de decir que lo mejor para llegar a los cien años es no estar pendiente de la opinión de los demás. «¡Qué nos dejen vivir en paz». Ahora reduce sus deseos una sola petición. «Lo único que pido es comprensión. No soy más que una anciana pero que no se metan conmigo. A nadie le gusta que le digan que está tirulí (señala con el dedo a la cabeza). Así que yo les digo que cuando ellos van yo vengo».

El Ayuntamiento organizó ayer un acto para homenajear para conmemorar el Día del Mayor y en la residencia Sanyres, que conmemora los diez años de presencia en León, se programan las actividades para conmemorar esta efemérides.

Libertad vive en la residencia tras una operación de cadera. «Me esforcé en andar. Sigo yendo con Sandra, la fisioterapeuta de la residencia, todos los días. Ahora ando con muletas».

Y consiguió caminar con esfuerzo. Nunca se acobardó. Fue modista: «Tenía que comer» y sólo se muestra baja de ánimo cuando recuerda la Guerra Civil. «No puedo soportar la muerte de los niños», recuerda y llora.

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¿El secreto de su longevidad?. «Buenos alimentos, zumos, beber mucha agua y, de vez en cuando, una cerveza sin alcohol. Alcohol nunca». Y mucha risa. «No pienso en la muerte pero me gustaría una muerte natural, no en el hospital».