Sin libertad religiosa

La fe también mata en Siria

La persecución religiosa alcanza niveles muy preocupantes y el acoso a los cristianos causó más de dos mil muertes desde el inicio de la guerra civil.

Vista general de Damasco, capital de Siria, con un templo religioso en primer plano.

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EFE | MADRID

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Siria es uno de los 14 países del mundo en el que la persecución religiosa alcanza los niveles más preocupantes y donde el acoso a los cristianos provocó, desde el inicio de la guerra civil, más de 2.000 muertos y numerosos desplazados y secuestros.

El informe sobre la Libertad Religiosa en el Mundo 2014, presentado hoy en Madrid, revela un grave y constante deterioro de este derecho fundamental, de manera que en el 42 por ciento de los países del mundo se da algún tipo de persecución religiosa. Los cristianos siguen siendo los más perseguidos por sus creencias —3 de cada 4 personas que sufren por razón de su fe son cristianos— y esta situación es especialmente grave en los países islámicos.

De hecho, en la lista de los 20 países clasificados en la categoría de «alta persecución», 14 de ellos están vinculados con el extremismo islámico: Afganistán, Arabia Saudí, Egipto, Irán, Irak, Libia, Maldivas, Nigeria, Paquistán, República Centroafricana, Somalia, Siria, Sudán y Yemen. En la presentación del informe realizado por la Fundación de la Santa Sede participó Gregorio III Laham, patriarca de la Iglesia greco-católica Melquita de Siria y una de las primeras personas en denunciar la persecución de los cristianos en su país. Gregorio III explica cómo la guerra en Siria ha provocado el desplazamiento de 10 millones de personas. De ellas, 450.000 son cristianos.

Desde el inicio del conflicto «han muerto 2.000 cristianos, algunos de ellos sacerdotes, y hemos sufrido el secuestro de tres obispos», lamenta este patriarca que explica cómo, a pesar del riesgo que corren, «todos los sacerdotes se han quedado en sus parroquias» y las iglesias permanecen abiertas.

Refugio y escuela

«Nuestra prioridad es ayudar y estar cerca de la gente», tanto de cristianos como de musulmanes, y por esto las iglesias sontambién en refugio y escuela de millones de niños sirios a los que intentan alejar de la realidad de una guerra que dura más de tres años. La Iglesia greco-católica en Siria comenzó al inicio de la guerra ayudando a 300 familias y ahora dan cobertura a 8.000 hogares. «Necesitamos 50.000 dólares mensuales para atender a estas personas», señala.

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Mireilla AlFarah, una joven siria que estudia en la Universidad de Barcelona. «Mi apellido —Alfarah— significa ‘alegría’ y simboliza cómo somos porque siempre intentamos mantener esta actitud en nuestras vidas». Mireilla relata la evolución del cristianismo en Siria y cómo hace años podía mostrar públicamente, sin problemas, símbolos religiosos y acudía diariamente a la iglesia a encender una vela. «Ahora ir a la iglesia puede significar la muerte», subraya. Para ilustrar la persecución a los cristianos en este país, expone la historia de su tío. «Cuando los islamistas radicales entraron en la ciudad en la que él vivía mataron a cinco de sus empleados —todos musulmanes— como represalia por trabajar para un cristiano». Él pudo escapar a Damasco escondido en un camión. Lo que nos da fuerza para seguir adelante es la oración y la presencia de nuestros obispos en las iglesias», señala Mireilla. «Por eso, en Siria, las iglesias estás siempre llenas», subraya el patriarca