«Tenemos la mejor sanidad del mundo pese a la nefasta dirección política»
Teresa abandona el hospital tras un mes de ingreso y 26 días de aislamiento total .

Teresa Romero recibe un beso de su marido, Javier Limón, durante su comparecencia.
Llegó en una ambulancia escoltada por policías y se marchó 30 días después entre aplausos. Teresa Romero, la primera persona contagiada de ébola fuera de África, abandonó ayer el hospital Carlos III entre gritos de ánimo de sus compañeros. La auxiliar de enfermería se fue a casa tras agradecer el apoyo de los que la han tratado, y también de sus amigos y familiares.
Antes de salir, compareció ante los periodistas para leer un comunicado. Subió las escaleras del estrado despacio -«Aún me encuentro muy débil», explicó- acompañada por los vítores de varias compañeras, su marido y parte del equipo que la ha tratado. Le temblaron las manos y la voz. Su marido la animó con un beso. «Estoy aquí para daros las gracias», comenzó. La auxiliar, que pasó de tratar el ébola a sufrirlo, y a sobrevivirlo, agradeció «a Dios y a Santiago Apóstol» su recuperación. También a los médicos, las enfermeras, las auxiliares, el personal de limpieza, los celadores y el equipo de seguridad. «Sin su esfuerzo, abnegación, dedicación y dosis de cariño no habría sido posible salvar mi vida», aseguró.
«Han demostrado que tenemos la mejor sanidad del mundo, y que tenemos unos profesionales abnegados que, pese a la nefasta dirección política, pueden obrar milagros. Y yo soy uno de ellos», afirmó Romero. La auxiliar, que forzó su ingreso en el hospital el 6 de octubre, pasó 26 días bajo aislamiento estricto. Su marido, Javier Limón, ha contratado a un abogado junto al que planea iniciar acciones legales contra el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y la Administración.
Romero se refirió a su contagio. «No sé lo que falló, si es que falló algo», afirmó. De momento, la única explicación que maneja la investigación es que la auxiliar se tocó la cara al quitarse el traje. «Si mi contagio sirve para algo, para que se estudie la enfermedad, para encontrar una vacuna, o si mi sangre sirve para ayudar a otras personas, aquí estoy», dijo. Entonces recordó a la ecuatoguineana Paciencia Melgar, también superviviente, cuyos anticuerpos le transfundieron. «Tengo muchas ganas de verme con ella y darle un abrazo», aseguró. «Nunca estaré lo suficientemente agradecida». La auxiliar aseguró que formará parte de la red de donantes y supervivientes de ébola que se está creando en Europa, que ayudará a los investigadores a determinar qué tratamientos son efectivos. «Si con mi sangre se puede curar, aquí estoy. Hasta quedarme seca», recalcó Romero.
«Me ofrecí voluntaria para ayudar, aun a riesgo de poner en peligro mi vida, y no ha sido en vano». Los momentos más difíciles que pasó Romero durante su lucha contra el ébola los vivió durante la primera semana de ingreso. El virus le causó problemas pulmonares que persistieron incluso cuando su sistema inmunitario ganaba la guerra.