COSAS DE ALLÁ

Nace el turismo de bombas

La detonación controlada de viejos artefactos de la Guerra de Vietnam, una plaga que causó 40.000 muertos y 60.000 heridos, fascina a los turistas

Turistas estadounidenses y canadienses posan después de participar en la detonación de ocho artefactos

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Eric San Juan | Dong Ha
León

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Las miles de bombas que no estallaron durante la Guerra de Vietnam y que aún se cobran víctimas son en la actualidad un reclamo para turistas, que fascinados observan cómo los artificieros las detonan para prevenir accidentes. «Empezamos con estos tours en abril de 2012 en colaboración con algunas agencias de viajes y ya hemos tenido más de mil visitantes. Queremos que los turistas sean conscientes del problema de las miles de bombas que siguen sin estallar y causando víctimas», explica Nguyen Thanh Phu, portavoz de la ONG Project Renew, dedicada a prevenir accidentes y a asistir a las víctimas de los artefactos.

Una decena de mochileros veinteañeros escuchan algo distraídos las instrucciones de Phu y de los especialistas antes de presenciar la detonación de un puñado de artefactos hallados durante el día en los alrededores de Dong Ha, en la provincia central de Quang Tri, la más castigada por el conflicto. «En esta provincia estaba la zona desmilitarizada, la frontera entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, y por eso se vivieron los combates más duros», apunta Phu.

Los jóvenes son conducidos junto al pequeño hoyo en el que han sido depositadas las bombas, en medio de un paraje desolado a unos 200 metros de la carretera principal. «Los especialistas van a colocar explosivos en el agujero junto a las bombas, los conectaremos a un cable y lo detonaremos todo desde lejos para evitar que nos llegue la metralla», explica Phu, mientras los jóvenes aprietan con frenesí el botón de sus aparatos fotográficos.

Los turistas y el guía se apartan mientras los artificieros terminan los preparativos y tienden por la maleza un cable desde el orificio hasta el detonador, que será activado por uno de los turistas; hoy le tocó a Michael James, un canadiense de 20 años.

Según estadísticas del Gobierno de Hanoi, unos 6,6 millones de hectáreas del suelo vietnamita están contaminadas por explosivos, una plaga que ha causado más de 40.000 muertos y 60.000 heridos desde que terminó el conflicto, en 1975. Más de un treinta por ciento de las víctimas son niños, que a menudo se acercan a los objetos atraídos por curiosidad y sin prever las consecuencias.

El Departamento de Estado de Estados Unidos calcula que alrededor de un 10 por ciento de los 7,8 millones de toneladas de explosivos lanzados por su Ejército en Vietnam quedó sin detonar.

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El Gobierno vietnamita estima que se necesitarían trescientos años y más de diez mil millones de dólares para acabar con esta plaga, un objetivo «imposible» para ONGs como Project Renew, que apuestan por limpiar las zonas de más riesgo, educar y mejorar la respuesta de las autoridades locales para prevenir accidentes.