Los restos del Ricardo III serán enterrados en la catedral de Leicester

La ciencia determinó mediante el ADN que la osamenta hallada en las obras de un aparcamiento pertenecía al rey.

Traslado del féretro del rey Ricardo III, cuyos restos recibirán sepultura el jueves en la catedral de Leicester.

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miguel lorenci | madrid
León

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El baile de huesos no es una exclusiva cervantina e ibérica. El vaivén de los regios despojos del muy británico Ricardo III ha durado la friolera de 530 años. La osamenta del malvado monarca, aparecida en las obras de un plebeyo aparcamiento no mucho ha, hallará por fin su ansiado y noble descanso. El jueves recibirán sepultura en la recoleta catedral de Leicester, donde ya están los restos de un soberano maltratado por la historia, al que Shakespeare consagró como paradigma de la maldad y que ofreció su reino por un caballo.

La ciencia determinó mediante el irrefutable ADN que la osamenta hallada en 2012 en las nada aristocráticas obras de un aparcamiento de la ciudad del centro de Inglaterra pertenecían a Ricardo III. También que las infidelidades son un hecho en el linaje real de la Gran Bretaña. Ahora se le devolverá su rango con honores de Estado y otorgando descanso a sus despojos en un féretro de roble construido por el carpintero Michael Ibsen, uno de sus descendientes.

El telón bajó definitivamente para Ricardo el 22 de agosto de 1485 en la batalla de Bosworth. Allí le atrapó la parca, que puso fin a un reinado de dos años. Con 32 años, murió con la cabeza destrozada por nueve heridas de arma blanca tras caer al suelo sin casco. Se sabe que perdió su caballo blanco antes de que sus enemigos lo masacraran y que como, escribió Shakespeare en 1592 en su Ricardo III es probable que atrapado en el sanguinolento lodo del campo de batalla clamara: «¡Un caballo, mi reino por un caballo!».

Su muerte puso fin a la Guerra de las Dos Rosas que libraban las casas de York y Plantagenet. La corona pasó a Enrique VII y los reyes de la dinastía Tudor, con el respaldo de Shakespeare, alimentaron la leyenda negra del rey jorobado, brutal y malvado, capaz de asesinar a sus dos jóvenes sobrinos para asegurarse el trono. El obispo anglicano de Leicester se refirió el domingo a él como «el rey bueno, el rey guerrero». «Fue un hombre valiente y de visión. En su vida hubo dolor y traición. Su vida es un espejo de la nuestra, el bien y el mal» dicen ahora los promotores de su desagravio.

Su póstuma fama hizo de Ricardo III acaso el rey británico más literario y cinematográfico.

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La Corte Suprema de Londres decidió que debía ser enterrado en la catedral de Leicester, contra el criterio de sus descendientes, que pretendían enterrarlo en York.