A LA ÚLTIMA
Manufactura de grandes líderes
L os guías están reparados de la vista, pero siempre son necesarios para conducir a los invidentes. Por muy desconfiados que seamos los españoles, que lo somos, se nos hace imprecindible creer en algo o en alguien que vendrá a remediar nuestros males, tan ancestrales y congénitos como los que afligen a otras naciones. Cuando decimos ¡qué país! debiéramos decir ¡qué mundo! Ahora que hemos penetrado en el siempre caluroso agosto, que tiene pinta de ser digno sucesor del malvado julio, estamos atareados en buscar nuevos líderes. Los anteriores o están muy vistos o nadie los puede ver. Por eso ha surgido de la nada alguien que probablemente volverá a ella. Se llama Xavier García Albiol y mide dos metros y un centímetro. Alabado sea el dios de las alturas, que además es la apuesta del presidente Mariano Rajoy para resucitar al Partido Popular, que por cierto todavía no ha muerto.
¿Cómo se fabrica un líder? A veces, en determinadas circunstancias históricas, les basta a algunos con ponerse al frente de la manifestación, pero es preciso que haya manifestantes que griten mucho para que, cuando callen, se oiga al conductor. Al llamado Albiol, que nadie le llama García, no le ha sido muy difícil pasar advertido, dada su enorme estatura física. ¿Quién era este señor antes de no ser nadie? Al concejal raso de Badalona, nada más llegar al circo político, le están acusando de xenófobo. Su gran papel en la política catalana arranca de los ‘sin papeles’ y llega un momento en el que hay tantos mirlos blancos que se confunden con los negros si no vuelan por su cuenta y por nuestro riesgo. Las figuras más notorias de la política han aprendido que lo primero que tienen que hacer es hacerse notar. Distinguirse de los demás, o sea, diferenciarse, para que no sea verdad eso que afirma la gente de que todos los políticos son iguales. Sería mucha coincidencia. Los manager han descubierto que deben renovar a los líderes o morirse, como si ambas cosas fuesen incompatibles.