Una nueva decepción en el caso del pequeño Yéremi Vargas
Un cráneo reaviva una investigación en vía muerta desde 2007.
Monitor en el que se ve a varios agentes recogiendo restos.
Otra decepción. La enésima pista falsa en ocho años y medio. Y la investigación sigue tan atrancada como aquel sábado 10 de marzo de 2007 cuando el pequeño Yéremi Vargas desapareció tras una mañana de juegos con sus primos en un descampado de la localidad grancanaria de Santa Lucía de Tirijana.
La esperanza de poner al menos punto y final al sufrimiento de la familia Vargas por saber la suerte que ha corrido su hijo se desvaneció a media mañana de de ayer cuando los forenses de la Guardia Civil hicieron el primer análisis somero al cráneo y los restos óseos que el miércoles por la noche un pastor encontró de manera accidental cerca de un invernadero de un paraje de El Doctoral, un barrio al sur de la zona de Vecindario, cuatro kilómetros de dónde se perdió la pista del menor.
No hizo falta esperar los resultados de la prueba de ADN. Los restos óseos, a decir de los forenses, correspondían de «forma evidente» a una mujer menuda de avanzada edad. Un vistazo a los dientes desveló que de ningún modo los restos podrían pertenecer a un niño de siete años, los que tenía Yéremi en 2007. Los investigadores, que esperan que en las próximas horas las pruebas genéticas arrojen algo de luz sobre la identidad de esa mujer, apuntan la posibilidad de que el cráneo pudiera haber sido usado recientemente en algún tipo de ritual por alguno de los grupos ocultistas que abundan en la isla. La calavera podría haber sido desenterrada de algún cementerio cercano.