PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS
El Rey: «Las divisiones empobrecen»
Cataluña vuelve a convertirse en el eje del discurso del monarca Felipe VI durante la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias
El cineasta Francis Ford Coppola tras recibir de manos del rey Felipe VI el Premio Princesa de Asturias de Las Artes
La unidad de España volvió ayer estar muy presente en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. En su discurso —quizá el más importante que pronuncia durante el año y que es leído con atención por el Gobierno— Felipe VI apeló a las «raíces milenarias» de la nación española para enfilar el camino del progreso y la concordia. Era la segunda ocasión que el monarca presidía como jefe del Estado el acto, que se celebra en el teatro Campoamor de Oviedo, esta vez ante 1.600 invitados. Como ya hizo la pasada edición, don Felipe no citó el nombre de Cataluña, pero todos le entendieron cuando alertó del riesgo de invocar en exceso los sentimientos de identidad. «Por eso, cuando se levantan muros emocionales —o se promueven divisiones— algo muy profundo se quiebra en nosotros mismos, en nuestro propio ser, en nuestros corazones». «Las divisiones nunca hacen grande a un pueblo; solo lo empobrecen y lo aíslan», aseguró el rey.
Después de ponderar los méritos de los galardonados, don Felipe llamó a superar las dificultades y exhortó de manera encarecida a respetar la ley y la Constitución, un argumento esgrimido por el Ejecutivo para desautorizar los anhelos independentistas. «En toda sociedad democrática como la nuestra, la defensa de la legalidad y de los principios constitucionales es la garantía de los derechos y libertades de todos los ciudadanos».
El jefe del Estado animó a las partes enfrentadas a hablar. Para ello recurrió a palabras de un ilustre asturiano universal, Melchor Gaspar de Jovellanos, con la intención de incitar al diálogo. «Una nación nada necesita sino el derecho de juntarse y hablar. Si es instruida, su libertad puede ganar siempre; perder, nunca», aseguró Felipe de Borbón.
«Sigamos construyendo España, convencidos y muy conscientes de que una Nación europea con raíces milenarias y vocación universal, como la nuestra, seguirá unida en su camino hacia un futuro de mayor concordia y progreso, con la dignidad, el respeto y el orgullo que merece su historia y su memoria».
«Vocación gregaria»
La patria, esta vez la cubana, dominó la alocución de Leonardo Padura, galardonado con el Princesa de las Letras. El creador del detective Mario Conde, personaje que protagoniza su serie de novelas negras, tiene pasaporte español. Pero que nadie se llame a engaño: Padura nunca ha querido abandonar la isla. Y la razón está clara. «Soy cubano por mis 64 costados». «A Cuba, a su cultura y su historia debo casi todo lo que soy, profesional y humanamente. Porque pertenezco profundamente a la identidad de mi isla, a su espíritu forjado con tantas mezclas de etnias y credos, a su vigorosa tradición literaria, a su a veces insoportable vocación gregaria, al amor insondable que le profesamos al béisbol».
Emilio Lledó, titular del Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, hizo una apasionada reivindicación de las humanidades. «Las necesitamos para saber qué somos y, sobre todo, para no cegarnos en lo que queremos, en lo que debemos ser».
Francis Ford Coppola, premio de las Artes, el hombre que ha recreado en el celuloide los males de la corrupción, la envidia, la crueldad y los excesos de poder, abominó de la mercantilización del cine y de esas películas exentas de cualquier riesgo. Devoto del arte de William Wyler, Alfred Hitchcock, Billy Wilder o King Vidor, considera que las películas son una «forma absolutamente mágica de literatura»..