Diario de León

CASO ASUNTA

El juez sentencia que Basterra también asfixió y trasladó el cuerpo de Asunta

Condenados a 18 años de prisión los padres de la menor asesinada cerca de Santiago.

Alfonso Basterra y Rosario Porto, durante una de las sesiones del juicio.

Alfonso Basterra y Rosario Porto, durante una de las sesiones del juicio.

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MATEO BALÍN | MADRID
León

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No hay dudas para el presidente del tribunal del jurado popular en el crimen de Asunta. En la sentencia conocida ayer, el magistrado Jorge Cid concluyó que Alfonso Basterra «mintió» en el juicio y le situó junto a su ex mujer, Rosario Porto, en la casa de las afueras de Santiago de Compostela donde asfixiaron a su hija, que no opuso resistencia por los efectos de los sedantes, y en el posterior traslado del cuerpo a la pista forestal donde apareció la madrugada del 22 de septiembre de 2013, horas después de asesinarla.

Así, de un plumazo, el magistrado desmontó la versión del padre con el cúmulo de indicios que hace dos semanas llevó al jurado popular a declararlos culpables por unanimidad. La sentencia, que les condena a 18 años de prisión, la misma pena que pedía el fiscal y dos menos que la acusación popular representada por la asociación Clara Campoamor, afirma que los datos recabados en la vista oral «evidencian» con «certeza» que Basterra y Porto planearon y ejecutaron la muerte de la menor de 12 años.

El caso donde había más lagunas probatorias era en el del padre, periodista de 51 años, al que el fiscal incluso puso en duda su presencia en la escena del crimen en sus conclusiones finales, ya que ni los testigos ni las cámaras de seguridad ni su móvil apagado le ubicaban allí. Sin embargo, el magistrado llevó al papel el veredicto de culpabilidad con mayor énfasis. No se cree que éste estuviera en su casa la tarde del crimen, como declaró, y consideró probado que viajó también a Montouto y participó junto a su ex mujer en la asfixia por sofocación de la pequeña de origen chino, a quien previamente le habían dado una fuerte dosis del ansiolítico Orfidal -hasta 27 pastillas según los forenses- durante la comida que mantuvieron en el piso del padre.

La fuerza probatoria de la sentencia también reside en las versiones «poco coherentes» que defendieron los acusados y en factores «poco creíbles» como la introducción de la hipótesis de la participación de un tercero. «El asesino está ahí fuera, en la calle», llegó a sostener el abogado de Porto. Sin embargo, para el juez «es increíble» pensar que esta hipotética persona «haya estado drogando a la menor a la vista, ciencia y paciencia de sus padres, sin que estos hubiesen hecho nada».

Pues bien, para el magistrado no hay duda de que los padres suministraron «de común acuerdo y repetidamente» a Asunta, durante al menos tres meses antes de su muerte, el citado Orfidal y no los antihistamínicos que los condenados atribuyeron a los estados de somnolencia reconocidos por algunos testigos. Este plan conjunto explica la alevosía, lo que hace pasar la acusación de homicidio a asesinato con el agravante del parentesco.

A los 18 años de condena hay que restar los dos que llevan en prisión preventiva. Las defensas avanzaron recursos ante el Tribunal Supremo.

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