RETRATOS CALLEJEROS VICENTE GARCÍA ZALDÍVAZ SAcristán de la catedral de León

El guardián de las llaves que abren la puerta de la luz

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León

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TEXTO: carmen tapia

FOTO: ramiro

Guarda en su bolsillo un gran tesoro. Vicente García Zaldívaz es el sacristán de la Catedral de León. Custodia las llaves que abren una alhaja de luz y misterio. Es el primero que llega y el último que se va. Es una pieza fundamental que hace que todo el engranaje de la Seo funcione. Un trabajo invisible para el visitante curioso que alza sus ojos a las vidrieras sin saber que detrás de su disfrute hay una tarea silenciosa. Una labor en la que no está solo. Hace tres años se incorporó Javier, el segundo sacristán de la parroquia.

Quienes lo conocen dicen que es el alma del templo desde hace siete años. «Es un privilegio», dice él. «Somos los primeros que llegamos y los últimos en salir. La Catedral se abre a las 08.15 horas». Entonces empiezan los preparativos para que las celebraciones religiosas luzcan en consonancia con el entorno. Los dos sacristanes tienen la responsabilidad de poner a punto utensilios, vasos sagrados y ropas litúrgicas, que cambian de color según sea Pascua (blanco), Pentecostés (rojo) u ordinario (verde). También se ocupa de la estética. Velas, luces, megafonía y libros están siempre a punto. Nada falla en las celebraciones. «Siempre hay algo que hacer en la Catedral», asegura, hasta pasar el cepillo (el de la recolecta de la misa).

En su posición en un segundo plano, a lar órdenes del director de culto, controla que todo esté a punto. Su carácter afable no le resta un ápice de autoridad cuando necesita imponer el orden. «Por lo general, la gente es siempre muy educada y respetuosa».

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Pero lo que sin duda es la envidia del común de los mortales es su acceso a los rincones menos conocidos de la Catedral. Aunque lo esencial, en este caso, sí es visible a los ojos. Las vidrieras le siguen encandilando. «Conozco sus destellos, sus luces y sus reflejos y aún así me sorprenden cada día. Por la mañana, cuando abro la puerta, me apasionan de nuevo. Cada día son diferentes. Son tan bonitas que de cualquier forma sorprenden». Está tan orgulloso de su trabajo que no para de dar las gracias al Cabildo por la oportunidad de ser un testigo privilegiado de «una maravilla».