Un milagro leonés para la quimioterapia

SE DENOMINA LEUKO y se gesta con la promesa de salvar a miles de personas gracias a la anticipación. Su artífice es un ingeniero leonés que ‘humaniza’ los algoritmos y los convierte en vida.

El ingeniero leonés Carlos Castro-González. DL

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cristina fanjul | león

Hay personas cuyas ideas cambian la forma de entender el mundo. El ingeniero leonés Carlos Castro-González es esa persona. Desde el MIT coordina un proyecto con el que espera salvar la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo gracias a un dispositivo óptico capaz de medir los glóbulos blancos en sangre de manera inmediata. Los beneficios de esta tecnología, que en la actualidad se prueba en los hospitales de La Paz y Massachusetts, son innumerables. Entre ellos, destaca la disminución de la tasa de letalidad y el incremento de la calidad de vida de los enfermos inmunodeprimidos por terapias como la quimio. Además, gracias a este dispositivo, los médicos podrán detectar de forma automática decenas de enfermedades infecciosas. Con Leuko los especialistas sabrán si un paciente está en condiciones de recibir una sesión de quimioterapia o la dosis exacta que puede soportar el cuerpo. Con ello, se conseguirán tasas más altas de supervivencia y periodos de hospitalización más cortos.

El proyecto, que se encuentra en su segunda fase, se denomina Leuko y nace de la virtud que siempre alumbra la necesidad. En el caso de Carlos, la necesidad fue el linfoma que se le detectó a un amigo. Esta circunstancia coincidió además con una serie de rotaciones que en aquella época hizo por varios hospitales de Madrid. «El azar quiso que un especialista del servicio de Oncología del Gregorio Marañón me hablara de los problemas que sufrían los pacientes inmunodeprimidos por la quimioterapia». Su formación hizo el resto. Carlos Castro-González comenzó a concebir un dispositivo con el que los pacientes pudieran monitorizarse de manera no invasiva y con resultados inmediatos.

Nueva fase del proyecto

Hace dos años puso en marcha el diseño del prototipo, un aparato óptico que toma imágenes microscópicas de los capilares superficiales que hay en el dedo. Este verano comienza la segunda fase del proyecto gracias a una subvención financiada por el Instituto Nacional de la Salud de EEUU y el Instituto Coulter. Hasta ahora, este proyecto ha recibido una inversión de 400.000 dólares. Poco, si se tiene en cuenta lo que se puede lograr. «Cada año, hay 800.000 personas en Estados Unidos que se ven obligadas a tratarse con quimioterapia. Al menos, un 20% de ellos sufre algún episodio de infección por recibir la terapia cuando está inmunodeprimido. Además, un porcentaje de entre el cinco y el 10% fallece por esta razón», advierte Carlos, que alerta del peligro cierto que sufren los enfermos a causa del desconocimiento de su estado. «Si se pudiera saber el estatus del paciente de manera inmediata, los médicos podrían tomar decisiones terapéuticas más fiables», añade. Asimismo, alude al ahorro económico y revela que las hospitalizaciones por infección en Estados Unidos suponen anualmente un coste de 2.500 millones de dólares.

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El prototipo ya se ha probado con pacientes sanos y ahora se hará con enfermos inmunodeprimidos. «Soy cauto porque aún tenemos que hacer muchas pruebas, pero estoy muy motivado», asegura, al tiempo que añade que el sistema de validación de este proyecto es muy riguroso. Carlos espera que en dos años el proyecto haya superado los estudios clínicos y que en 2018 esté listo para aprobar la regulación legal y ser comercializado.