León despide el Ramadán
Oración y dátiles Con el rezo colectivo al lado del campo de fútbol y comidas familiares más de 3.000 musulmanes despidieron el Ramadán en León.
Momento del rezo del Eid-Ul-Fitr ayer en León en las inmediaciones del campo de fútbol con la presencia de un nutrido grupo de mujeres al fondo. MARCE A. FERNÁNDEZ
ana gaitero | león
De sol a sol, durante un mes consecutivo, no han podido comer ni beber. Pero ayer rompieron el ayuno con oraciones y dátiles. El fin del Ramadán es la segunda fiesta más importante de la religión islámica, que en León practican unas 3.000 personas de diversas nacionalidades (Marruecos, Argel, Senegal, Mali, Sudán, Etiopía, Pakistán y Siria entre otras), así como muchas españolas por el proceso de naturalización.
Ayer rompieron el ayuno a primera hora de la mañana con los tradicionales rezos de Eid-Ul-Fitr al lado del campo de fútbol. Más de 300 personas, en su mayoría hombres y también un nutrido grupo de mujeres, se reunieron para compartir el rezo dirigido por el imán de la Mezquita Grande, Hicham Kabil.
En el sermón habló a los fieles de la obligación de «compartir», así como «diálogo y comunicación» entre «hermanos». También lanzó consejos a las mujeres sobre el cuidado de los hijos e hijas y a toda la comunidad en general sobre la importancia de «trabajar bien».
«El mensaje del Ramadán ha llegado a la población de León y la gente ya no se extraña», comenta Nourre Eddine Zahrani, un marroquí que lleva diez años en León y ha trabajado en múltiples oficios, el último como mediador intercultural y traductor de Accem. Ahora es voluntario.
Zahrani explica que el Ramadán no consiste únicamente en no comer ni beber durante las horas de sol, algo que se hace más duro en los meses de verano al ser los días más largos. «Cuando sientes hambre, un poco de hambre, piensas en otra gente que pasa hambre los 365 días del año y sabes que tienes que ayudar a otras personas», explica.
A su alrededor lo que más extraña a la gente es que «nos levantemos por la noche para comer, pero es que hay que estar bien preparado para aguantar el ayuno del día siguiente», aclara. Este año la prohibición de comer y beber se extendía desde las 4.30 de la madrugada hasta las diez de la noche.
Asegura Zahrani que el trabajo no es un impedimento para seguir el régimen de ayuno del Ramadán. «Cuando me toca trabajar me siento bien. Ayunar no es quedarse en casa, hay que moverse», explica. «Sólo es un poco de hambre», insiste. Todo tiene un límite y si una persona por no comer ni beber se llega a encontrar mal puede romper el ayuno con el compromiso de recuperar ese día más adelante.
El fin del Ramadán, también conocido como ‘fiesta pequeña’, también se celebra con un desayuno colectivo en el cual los dátiles, dulces de almendras y el pan untado con miel o aceite de oliva son algunos de los alimentos tradicionales.
En las casas se elaboran dos tipos de pan para la fiesta y todo se comparte en familia o con las personas más próximas. En la mezquita, el desayuno común reúne a personas «que vienen de Siria, Pakistán o Palestina no se sienten diferentes, se sienten como en familia», comenta.
la limosna
Otra de las obligaciones del Ramadán es la limosna. En León, la comunidad musulmana tiene establecido que el día del fin del Ramadán todas las familias sin recursos reciban al menos 5 euros por miembro de la casa «para que nadie se sienta inferior ni pobre», explica el coordinador de la comunidad musulmana de León.
«Un día como hoy nos levantamos muy temprano para rezar y hacer el pan, la mesa de cada familia está llena y hay la costumbre de ir a visitar a otras familias». añade. El fin del Ramadán es también un día para el perdón. «Al final de la oración, las personas que han tenido alguna cosa entre ellos tienen que pedirse disculpas, si no el Ramadán no vale». indica Nourre Edine Zahrani.