CORNADA DE LOBO
Cinco lobitos
Me malmete un amigo su asombro al ver que esta Cornada lobera no echó su cuarto a espadas en el resonado caso del juez que impidió a unos padres matricular a su guaje con el nombre de Lobo, investido él de jefe del parque inmóvil de los nombres propios... o de guardián del santoral, que también le cabe.
No hay tema, dije; ni un juez es la justicia ni el asunto merece estrado... ¿qué tonto prohíbe un Lobo como nombre propio si ya está instaurado en el apellido, que es lo sagrado, el nombre del linaje y, si le cabe, de la honra?
Sobreseída, pues, la causa.
Y Sócrates, sin toga ni puñetas, quiso sentenciar el caso condenando a ese juez a una semana y tres días de reclusión menor en el tuiter de las chirigotas picudas y pedradas en el ojo.
Pero sacado a pacer el asunto, la tertulia no tardó en irse de gira por ramas y cerros a falta de otras profundidades en esta modorra nacional. El «primer paso» de la caminata (conceto-Rajoy) nos lo dio un mensaje de Susana que había acopiado datos: hay otros animales en la selva de nombres propios; en el Registro de León constan 101 delfines, 750 delfinas y 37 leones, lo que parece muy escaso siendo esto una leonera (reconvertida hoy en acuario)... o en palomar, porque Octavito amplió el corral: ¿y cuántas palomas habrá de nombre o palomos de apellido?...
Los nombres se ponen siempre para que los críos se parezcan a alguien, son un proyecto y tienen rango de esperanza. Ahí se luce el indio norteamericano: nube blanca, oso gris, flecha veloz, caballo loco... y llamando Domóstenes al crío confiaba un padre en el XIX que llegaría a orador en Cortes.
¿Estará más tranquilo ese juez ante un nombre como el de Luisa Fernanda Encarnación sabiendo que, al ser rica y pija, la llamarán siempre Fifí, nombre de gata?... ¿y qué ojos pondría si fuera juez en el caso de un ecuatoriano que logró llamar Dos-Cero a su hijo rememorando un marcador de hazaña histórica ante la odiada selección boliviana de fútbol?... bueno, da igual cómo se llame cada cual; al final son los demás quienes te ponen nombre y sólo tienen dos: o Majete o Cabrón.