La caligrafía resurge frente al tweet

La buena caligrafía se pone de moda. y resurge frente a los 140 caracteres de un tweet. En cuatro años se ha duplicado el número de personas que acuden a talleres y aumentan los encargos a los maestros calígrafos. Jesús González hará mañana una demostración en Gordoncillo con una tinta especial, la del vino Prieto Picudo.

El vino que utiliza para elaborar el pigmento y materiales en la mesa de trabajo de su taller. RAMIRO

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León

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carmen Tapia | león

Como un boomerang. La esmerada caligrafía resurge con fuerza frente a la inmediatez y el ahorro de vocales y consonantes que exige escribir con 140 caracteres de un tweet. El arte de escribir bonito no es sólo una cuestión estética. Su utilización gana terreno para mejorar el rendimiento deportivo, reducir los niveles de estrés, aumentar la concentración y regenerar la capacidad intelectual. Nuevas ventajas de un arte medieval que se reinventa también con nuevos pigmentos que se incorporan a la tinta tradicional. El maestro calígrafo de Fresno de la Vega, Jesús González Gigosos, demostrará mañana en Gordoncillo que el color sepia del vino Prieto Picudo es la mejor tinta para que destaquen las letras. «Las tintas ferrogálicas, hechas con vino, ya se utilizaban en la época medieval. Yo hago fórmulas con vino de la tierra. En esta ocasión, con un Prieto Picudo de la bodega de Gordoncello», explica González.

El calígrafo leonés ha dirigido un taller para deportistas de atletismo y en la escuela de automovilismo de Jorge Lorenzo dedican tres horas a la semana para que las nuevas promesas del motor aprendan buena caligrafía. «Los entrenadores defienden que si un niño no sabe hacer una ‘o’ perfecta nunca será capaz de coger una curva correctamente. Yo he dado clases a un grupo de atletismo seguiendo esta teoría porque aprender a dibujar las letras con las manos desarrolla el cerebro. Lo que haces con las manos se graba en el cerebro y lo trasladas al resto del cuerpo».

Los encargos que llegan a los talleres se duplican, al igual que el número de alumnos que se matriculan en el curso que González Gigosos imparte cada año en la Universidad de León. «Se han duplicado, cubrimos todas las plazas».

González es uno de los pocos profesionales en activo en León y mañana ofrecerá una demostración de los trazos de las letras en Gordoncillo, pero utilizará una tinta especial, la que se obtiene del vino Prieto Picudo. Sulfato de hierro y agallas (respuesta del vegetal a la presencia del parásito con un crecimiento anómalo de tejido que intenta aislar el ataque o infección) forman parte de la fórmula magistral. «No es ningún misterio. Las fórmulas están en Internet, aunque cada calígrafo tenemos nuestro secreto. Yo la doy en todos mis talleres».

Los alumnos aprenden a utilizar soportes y técnicas que usaban los escribanos de prestigio en la Edad Media. «Utilizar los instrumentos básicos como el tintero que dosifica con una esponja y un cálamo de caña de bambú». No hace falta nada más. Una mesa, tiempo y práctica. «Hay cientos de alfabetos» a los que recurren cada vez más los organizadores de premios de prestigio. «El diploma que se da con el Premio Nobel, el Princesa de Asturias, personalización de los regalos, como ocurre con las grandes firmas que recurren cada vez más a este tipo de letras».

La concentración que se necesita para terminar un trabajo de caligrafía tiene beneficios relajantes. «He tenido éxito con niños hiperactivos. El año pasado impartí un taller en Crémenes y las familias me dijeron que había conseguido un grado de concentración que no habían visto antes en sus hijos».

Jesús González ha llevado su taller a un lugar emblemático. En los 25 metros cuadrados del antiguo edificio de la estación de ferrocarril de Fresno de la Vega dedica horas a dibujar letras y a pintar nudos. «He desarrollado una técnica para dibujar los nudos, que se utilizaban los códices de muchos pueblos». Uno de los mayores expertos en esta técnica de signos mágicos que dibujan la Estrella de David y el signo tibetano de la eternidad fue Leonardo Da Vinci. «Los nudos son perennes, continuos. Hacer nudos relaja más que hacer sudokus».

Steve Job, co-fundador de Apple Computers, fue otro gran aficionado a la caligrafía. «Como se aburría en clase se apuntó a talleres de caligrafía y por eso incorporó todo tipo de letras en sus programas informáticos, algo que hasta entonces no existía».

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Un arte que crece no sólo para hacer bonito sino para mejorar el rendimiento intelectual.