Simulacros
M uertita nos llega la que llaman cultura tradicional y suele ir vestida (o travestida) de despojos coloristas con su teatrillo gagá y su melancolía impostada.
Muchas tradiciones o costumbres son fósiles tiesos carentes de función o significado en este tiempo, por lo que resacarlos de su arca o mausoleo lucirá una memoria leal, pero se queda en pasear un cadáver pinturero que no necesariamente mueve a respeto o contagia impulsos reanimadores, especialmente si se hace con ignorancia reconstructiva o pobreza de razón, con lo que la cosa acaba casi siempre fuera de su contexto con su farsa más falsa que las mulas de Cabo.
Folklore o folklorismo, esta es la diferencia. Un caso: ¿qué tienen que ver los carros engalanados que hoy se lucen atiborrados de chamarilería con aquellos carros que fueron la «tartana calesera» del pueblo llano cuando iba de romería parda y cumplían toda su decoración con sólo una colcha-toldo, un enramado y algún colgajo floral?... ¿puede decirse de los carros de hoy que son tradicionales, auténticos?... y no se discute aquí su condición popular, que la tiene, pues es el pueblo dueño de lo popular quien los reinventa a su bola, pese al enfado de etnólogos que ven algo carnavalera esta licenciosa resurrección de la costumbre... y poco lógica (nadie llevaba de romería toda la vieja chatarra de casa y hasta los aperos; los carros eran para llevar gente, cestos, tarteras y así ardía ahí ya la fiesta, el arrimamiento y el taco).
Puestos a reinventar se recrea desde hace tres años la feria melonera que tuvo su foro hace un siglo en la Plaza del Grano y, con esa disculpa, celebran ahí concurrencias tradicionales, oficios, labores... o imposturas: ahí se ven dos paisanas haciendo que varean lana, por ejemplo, pero la lana está tirada al suelo (!?) y le arrean a lo necio con largas estacas como pértigas (!?) cuando la tarea sólo puede hacerse con fina y recia vara de avellano o acebo, siempre con la lana en alto sobre costana o somier para que caigan brozas y miasmas al suelo... quizá es que esas paisanas ni varearon en su vida ni vieron varear jamás, pero... ahí van.