CORNADA DE LOBO
Bob y Dario
El Nobel que entra por el que sale... se iba de esta perra vida Dario Fo y el mismo día se sentó Bob Dylan en su silla caliente... ¡un teatrero y un perroflauta al que inspiró Woody Guthrie en la cumbre mundial de la literatura!... a celebrarlo.
Dario era ateo, sentimental y algo libertario; y Bob, judío converso y viceversa, que ahora vuelve a lo judío y ahí quieren ver la mano que movió los hilos de este Nobel «politizado».
Hubo debate ácido sobre lo pertinente de este premio en los dos casos... ¿Dylan poeta?.... ¿literato un cómico?... el Losantos, por ejemplo, se despepitó en furias... ¡¿Dylan?!... que sí, hombre, que sí, insistió Sócrates al impertinente Octavito que secundaba a Fegueguico... y le recordó que mucho antes que la letra fue la palabra... antes que el sacerdote fue el actor... antes que la Biblia fue el cuento y la leyenda... antes que los salmos y las lápidas fue la canción, el verso... el primer literato fue un cantor, un juglar, un loco de la tribu que hablaba de los gozos o de los miedos del hombre con la lengua de los pájaros... ¡ya quisieran los poetas que ganaron un Nobel que sus versos fueran tan conocidos y repetidos por los millones de gentes que escuchan o recitan las letras que ha ido creando Dylan!... ¿y qué decir de Dario Fo?... látigo del sistema, de la corrupción y el consumismo, burlador de la religión mostrenca, dramaturgo de alarde escénico, dedo inquieto que iba de la llaga al ojo, un compromiso con el pensamiento y con el pueblo perdedor... le gustaba resumir su ideario con los versos del poeta anarquista Pietro Gori, «Nostra patria é il mondo intero, nostra legge é la libertá... ed un pensiero ribelle in cor ci sta»... como quien dice «la nación es una cárcel, sólo la libertad es sagrada... y el pensamiento es rebelde si nace del corazón».
En los pliegues del apolillado telón del Emperador están tiesos los ecos de aquel montaje magistral de Dario Fo abarrotando el teatro en 1984, él como único actor, todo negro el escenario y su ropaje, poderosa su voz... y vibrante la media voz de Dylan en esta plaza de toros hace doce años. Ahora sólo resta recrearnos en sus obras.