Diario de León
Publicado por
pEDRO TRAPIELLO
León

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Todo era ayer perplejidad y picota dispuesta para esa mujer de Fabero que se había inventado un secuestro con delirantes vejaciones de su pareja culminadas con un sellado de chirri a base de pegamento como diciendo esa plaza es mía y ahí ya no entra nadie a torear. No por inédito en el amplísimo catálogo de agresiones e injurias a mujeres dejó de ser menos creíble lo aparentemente sucedido a esta mujer, así que todos los medios nacionales se hicieron eco de la salvajada aprestándose a dar voz a la víctima (que agrandaba convincentemente su teatro teniendo en cuenta las anteriores agresiones y condenas judiciales a su pareja) y a las furiosas opiniones que se escribieron al hilo propiciadas por la indignación social que acompañó a esta noticia. Que ahora resulte haber sido todo una patraña de mucha imaginación alentará a todos aquellos de la acera masculina que sospechan o sostienen que «la maldad falsaria innata en la mujer late en no pocas denuncias de malos tratos; y en todas las demás, exageración o distorsión de los hechos que impiden la justa aplicación de la ley, siempre predispuesta por lógica a favor de la víctima». Ante un caso así de poco valdrá que se les replique demostrando que las denuncias falsas tan sólo son el 0’001 % de las infinitas denuncias que se presentan, porque la patraña insuperable en idiotez y perfidia de esta paisana les valdrá de estribo un tiempo largo. Así que el feminismo y todas las mujeres se entristecieron ayer con las evidencias de esta malévola payasa, a quien ahora subirá a la picota la opinión pública (y privada) como lo hizo con su pareja, a la que se entrulló en el acto y después vinieron escarneciendo en cada tertulia... y quizá se vuelvan a precipitar al no conocer o considerar todas las causas, transtornos o atenuantes que puedan caberle a esa mujer en su impostura, de manera que habrá que esperar al dictamen de investigadores y jueces, habrá que aguantar los memes y chirigotas que circularán por las redes de la acera machorrilla... y habrá que decir como quijotas de este tiempo «¡cosas veredes, amiga Sancha, que farán fablar les piedres!».

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