Elijo poder

Con apoyos familiares y la tecnología se imponen con su voluntad de hierro. Un centenar de personas con discapacidad estudian en León una carrera universitaria..

Camino Jiménez Martínez, en el aula de la Facultad con el programa y el ordenador que le facilita la comunicación. SECUNDINO PÉREZ

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León

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carmen tapia | león

Hace más quien quiere que quien puede. Y Camino Jiménez Martínez quiere. Su vida es un ejemplo, pero no es el único. La parálisis cerebral que le provocó una crisis de apnea al nacer le limitó la psicomotricidad y el lenguaje verbal. Con los apoyos tecnológicos, familiares y del profesorado, ha llegado a la Universidad. Estudia cuarto de Historia del Arte y ha conseguido una matrícula de honor en Paleografía, técnica que consiste en leer documentos, inscripciones y textos antiguos. La habilidad con los símbolos y el lenguaje tecnológico le permite comunicarse con el entorno, aunque más lento que los demás. Su padre, Luis Jiménez, ayuda como intérprete en esta entrevista. «Quiero dedicarme a la investigación. No hay que rendirse. Hay que demostrar a la sociedad que somos útiles». Luis ‘lee’ en los ojos de su hija. Camino ha memorizado un teclado virtual y mueve el iris para indicar la tecla que quiere pulsar. «Primera, segunda, A, segunda, tercera, C». Así hasta completar la frase. «Al principio quería estudiar filosofía clásica», dice Camino, «pero no había en León». Para completar esta frase se sirve del ordenador, un Tobii que ha comprado su familia. Son sus padres, Luis y Delia, los que le adaptan los programas. Todo lo que encuentran útil se lo instalan. Camino mueve el cursor con los ojos. «Mi objetivo es trabajar como investigadora», escribe.

En la Universidad de León están matriculadas este año 94 personas con alguna discapacidad, ocho más que el curso pasado. La ULE cuenta con una unidad de apoyo que facilita las adaptaciones curriculares, exención de tasas, becas, accesibilidad a la web y medios electrónicos y programas de voluntariado. A través de la Fundación Universia, 23 estudiantes se han beneficiado de préstamos gratuitos en productos como equipos FM, ordenadores portátiles ligeros o escáner, y otros cuatro estudiantes han recibido becas de entre 900 y 2.000 euros.

Luis Jiménez considera que los apoyos tecnológicos son escasos. «La financiación es prácticamente inexistente. Una familia que tenga pocos recursos no puede afrontar estos gastos».

Camino estudió desde Infantil en aulas integradas con profesores de apoyo y cuidadoras que la ayudaban en sus desplazamientos, recreos y necesidades higiénicas. Ahora, en la Universidad, sus padres, ya jubilados, se turnan para acompañarla a clase y la esperan en el pasillo por si tienen que llevarla al baño adaptado en el que hay una cama cedida por el Hospital por si necesita cambios para los que necesita estar tumbada Su familia se ha volcado en satisfacer sus inquietudes culturales. Su hermano se matriculó en varias asignaturas para acompañarla en el aula.

Camino tiene 28 años y no pierde la sonrisa. En el Instituto empezó a sacar cada curso en dos años, igual que en la Universidad.

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La comunicación es más lenta y eso le dificulta las relaciones con los compañeros. «Es difícil que salgan a la calle juntos porque tiene que ir en una silla muy aparatosa. Tiene pocas amistades», dice su padre. Pero Camino no para de sonreír.