CORNADA DE LOBO
Tomad y bebed
Tiene algo de disparate pretender que Cuba logre viñedo propio y ensaye su autarquía vinatera, viña entre mojaduras y huracanes en el horno caribeño, pero los sueños imposibles son a veces los que mejor se venden. Y Fidel era un soñador incontinente que ya había visto una vez cumplido el suyo, aquel imposible de derrocar a Batista con sólo una partida de bravos que se echaron al monte en Sierra Maestra.
El sueño autárquico de la vid se lo vendió un villafranquino, Daniel Vuelta, industrial vinatero (Palacio de Arganza) y ampuloso negociante que no desdeñaba el atajo o el truco. Así se cameló a Fidel para iniciar juntos el primer gran viñedo de la isla con una empresa a medias entre el ministerio cubano de Agricultura y el bodeguero leonés. Le cayó Vuelta tan bien a Castro, que acabó celebrando las Navidades en su casa (Luis del Olmo lo dudaba, pero le llevó Daniel un Añonuevo y, efectivamente, la fiesta no fue en casa de Fidel, tocaba celebrarse ese año en la de Raúl, se alternaban... y Fidel, allí), así que ¡cómo no creerme que los puros habanos que me ofreció el día que me lo presentaron se los mandaba el «torcedor» particular de los Castro!... qué tío... ¡viñedo en Cuba!... la cosa empezó con viento en popa y en 2005 se hablaba de una producción de 750.000 botellas que serían 4.000.000 en 2007 en las tres fincas (Wajai, Batabanó y Banao) repobladas con estaquillas bercianas de las variedades viura, tempranillo, mencía, cabernet y rosetti, aunque al preguntarle hace seis años a Vuelta cómo iba el sueño, me puso cara algo contrariada porque con aquellos calores y humedades la viña allí puede dar dos cosechas al año, se despampana y exige poda continua perdiendo vigor y grados, pero Fidel murió con el sueño de contener las importaciones de vino que colonizan la isla para poder decir un día «tomad y bebed vino cubano, que es la sangre de la revolución».
Y soñé entonces, viendo aquella cercanía personal, hacerle una entrevista a Fidel. Vuelta me dijo «dalo por hecho, sin problema», pero al poco murió y me quedé compuesto y sin exclusiva.