Diario de León
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PEDRO TRAPIELLO
León

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Siempre se anda en España jugando al guerracivilismo con batallitas en el huerto de los símbolos, los nombres, la educación, la religión... El liberalismo del XIX trajo a este país un anticlericalismo razonado que desamortizaba y después vino el marxismo añadiendo como delito narcótico la religión (opio del pueblo) y con un aviso cantado a coro como himno nacional: Si los curas y frailes supieran la paliza que van a llevar, subirían al coro cantando ¡libertad, libertad, libertad!...

Sin embargo, el viejo anticlericalismo (tan galdosiano) se ha mudado en laicismo y media España ya no va detrás de los curas con estacas ni con voces ni con burlas ni con saqueos ni quemando conventos o violando monjas, cosa que algún clérigo parece lamentar al delatarse que pasan de ellos, que no importan. Bien al contrario, hasta el rojerío radical tiene hoy sus curas buenos en la peana de la honra. Ahí está Pablo Iglesias alabando la obra del padre Ángel con sus bancos de alimentos o albergues, diciendo de él bondades y poniéndolo de ejemplo... o Raúl Castro, que dice estar dispuesto a volver a misa si la oficia gente como el papa Francisco (¿recordará lo que aprendió de monaguillo o eso, como el andar en bici, no se olvida?). Anótese también el respeto rojo que despierta el leonés Nicolás Castellanos, que fue obispo antes que cura, y que confesaba a este periódico el sábado que en Bolivia (a donde fue a trabajar con los pobres sembrando escuelas y dignidad) le rechazaron cuatro obispos del país por comunista, viéndole como desertor de la púrpura y otro más de la teología de la liberación que llegaba a alborotarles el rebaño que tanto tiempo costó tener quieto y temeroso.

El anticlericalismo ya no es lo que era. Y antes, tampoco; se acaba de averiguar que los artículos anticlericales que escribió de joven Pío Baroja con el pseudónimo Pio Quinto (así figuran en su antología) no son suyos, sino de un cura, José Ferrandis, rebotado, en rebeldía y feroz. Postdata: y todo lo anticlerical que hubo en León en las últimas décadas fue el inocuo Ataúlfo y sus cartelones de «Cloro al clero» y «Curas y monjas, a trabajar», qué risa.

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