Diario de León
Diego Reinoso vive en las calles de León desde hace ocho días. Deambula con el pie roto y con muletas. Llega al centro con las manos ateridas.

Diego Reinoso vive en las calles de León desde hace ocho días. Deambula con el pie roto y con muletas. Llega al centro con las manos ateridas.

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

c. tapia | león

Por el centro de acogida nocturna Calor y Café de la Sociedad San Vicente de Paúl han pasado en un semestre 127 usuarios diferentes (104 hombres y 23 mujeres) con 2.356 estancias en total. El centro ha tenido una media de ocupación del 76 %. Búlgaros, portugueses, rumanos y marroquíes son los mayores usuarios de un espacio que cuenta con 20 camas disponibles para personas sin hogar. A Josefina Herrero, gerente de Calor y Café, le llama la atención el aumento de mujeres que se acercan al centro, «el doble que otros años».

A las 22.00 horas en punto el centro se llena de personas que no sólo arrastran bolsas y maletas con sus escasas pertenencias. Sus mochilas van cargadas de historias a medio contar, adornadas —para bien y para mal— de experiencias que no siempre se atreven a confesar. Están atrapados en la calle, como Diego Reinoso. Este asturiano de 36 años llegó a León hace 8 días. Dice que dejó Madrid para dirigirse a La Antigua, un pueblo al lado de Villaquelida, para trabajar en la fábrica del salmón. «Me quedé sin dinero y fui a pedir ayuda a un cura, que me pilló el pie con la puerta y me rompió un dedo». Esa es su historia, la que cuenta quejándose del frío que pasa todo el día en la calle. «Me llevaron al hospital y me escayolaron y no me dieron ni las muletas». Tra el alta, la ambulancia lo dejó en la puerta de Calor y Café. «Ahora con el pie así no puedo viajar. He perdido la oportunidad del trabajo y no tengo dinero. En Cáritas me ayudan para que pueda entrar a comer en el comedor de la Asociación de la Caridad pero necesito un billete para salir de León. Estoy esperando a ver que solución me dan. Necesito hacer reposo por el pie pero estoy todo el día andando, con las muletas y pasando frío en la calle hasta que vengo a dormir».

Diego cuenta su historia tomando un café antes de irse a dormir. A su lado está Marián Roldál. Tiene 22 años. «Me vine de Santander a León trasladada por una empresa de la que prefiero no dar el nombre. Trabajaba en logística. A los 20 días me despidieron por recorte de plantilla y me echaron del piso de empresa en el que estaba. Me quedé en la calle. Paseo, voy a a biblioteca, vengo al centro de día. No tengo dinero para desplazarme. Si consiguiera un billete me iría mañana mismo a otro lugar para buscar trabajo. Aquí no lo encuentro».

Valentín Tomof es Búlgaro y tiene 47 años. Vive en las calles de León desde hace 20 días. Ha trabajado en la vendimia en Logroño y su objetivo es llegar a Andalucía. «Ahora empieza la campaña de la fresa. Pero no puedo salir porque no tengo dinero para el billete. Con menos de 100 euros me arreglo para llegar».

Todos esperan ayuda. «Las oenegés desconfían porque hay otras personas que han mentido y luego devuelven el billete para conseguir el dinero», aseguran. «Pero te aseguro que si tengo billete mañana mismo me voy a buscar trabajo», dice Diego.

tracking