Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Con la boca pequeña al principio y ahora con decidida voz envalentonada, a Trump le están saliendo en España muchos más devotos de los que se imaginaba uno hace cien días cuando la opinión publica y mediática parecían unánimes retratando a un histriónico candidato de peligrosas bravatas y repelente en gustos, pelos y babas hasta decir basta.

En la prensa de trinchera no son pocos los que ya declaran abierta simpatía por la prosperidad dineraria y el orden moral que confían pueda traer este gicho a su país y, por ende, al mundo.

En su fondo y en sus formas, a toda derecha de barra bravucona le cae bien Trump porque está huérfana de un líder con su chulería escénica, tipo echao palante, pelotudo, no con la cara pasmá de Rajoy. Desde su lejanía (no tan lejana) Trump les redime de esta orfandad y, como si fuera el héroe de sus sueños, afanes o películas particulares, llevan ya una foto suya en la cartera como llevaba yo en la mía de escolar el cromo de aquel otro líder bravo de los Estados Unidos, el gran jefe sioux Sitting Bull, Toro Sentado, que cambié por otros dos imposibles de aquella colección: Gerónimo y Caballo Loco, la repera.

Ojo, a la media España que no se tapa la nariz al votar corruptos confesos, Trump le hace cosquillas en el forro de su fuero, gusta su engallamiento, su palo firme al sistema, al otro, al refugiado, al moro... y al oro, paleando oro, viva su becerro, salgan oros y brille en dorado la Bolsa... y las cortinas que cambió en el Despacho Oval, aggg, a la fuerza son doradas, lo que sólo movería a risa si no se considera que en las casas y salitas de sus votantes (y en casi todas) se perpetra y multiplica idéntico mal gusto; y eso mueve a mucha pena al ser epidemia que jamás se atajará. No se olvide que en los gustos nos identificamos mejor que en las ideas, así que también ahí pilló voto la Bestia Rubia.

Resígnate, el horterismo de los ricachos hace tiempo que es tendencia global; se cotizan especialmente el gusto ostentoso y los colores que chirrían; el lema es «Que se me vea bien el triunfo, el peluco y el paquete». Ahí todos somos Trump.

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