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El baile del ahorcado. Cristina Fanjul
León

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Hay gente que piensa que la gestación es un proceso orgánico que se prolonga durante nueve meses, que la maternidad está asociada a él de manera indisoluble, que el vínculo no puede ser el mismo si no media esta preparación. Y yo creo... bueno no, yo sé que no tiene nada que ver con eso. Sé que la gestación es algo que perdura para siempre y que es independiente de haber tenido el vientre más o menos lleno, de los dolores, del insomnio o de las náuseas. La gestación es una ruta, un camino hacia lo imprevisible, hacia un lugar en el que dejaras de ser uno para comenzar a ser lo contrario para siempre, en el que estarás mutilado para las certezas. Esa es la verdadera gestación.

Ser madre o padre, que viene a ser lo mismo, resulta indiferente a la biología. La gestación, también, porque nunca dejas de gestar, porque cuando eres padre, o madre, te pasas el resto de tu vida con un cordón que te impedirá volver a respirar igual que antes. La maternidad no tiene nada que ver con gestar, nada que ver con meter un bizcocho en un microondas y esperar a que suba. Un hijo no es el resultado de la biología. Un hijo es un concepto, y los conceptos tienen muchos significados diferentes. Por eso, pensar que un hijo sale de la incubadora materna es un ejercicio de frivolidad. Un hijo sale de la imaginación, del miedo, de la esperanza y del dolor, de lo inesperado, del conocimiento mutuo y, sobre todo, del amor.

Por eso cuando se habla con tanta simpleza de la gestación subrogada dan ganas de llorar. Me gustaría saber con qué absurdos argumentos podemos prohibir que alguien pueda gestar para otra persona. Desde luego, no con motivos éticos o morales. Vivimos en un país que permite que 800.000 niños vivan en hogares en los que nadie trabaja. La pobreza es una forma de violencia y un delito cuando dejamos que sean los niños los que la sufren. Explíquenme por qué en España una madre o un padre no puede pagar a otra persona para que su hijo pueda nacer mientras permitimos que casi un millón de niños ya nacidos se queden en la cuneta.

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