Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Cuidado con Corea. En su norte arde la nieve y en el sur nieva un pavor que hace vapor la fe de los dos pueblos, fe en poder abatir un día esa frontera que les ladra.

Al hermano del dictador Kim le envenenaron al asalto en un aeropuerto, mientras ese mismo día los coreanos del sur tragaban la gruesa pepita del miedo (esa fruta envenenada) viendo el ensayo de un misil que los del norte lanzaron al mar de Japón para mosquear al mundo, a sus padrinos chinos, a Trump, a la ONU, a Putin (a medias), al sursum corda y a María santísima.

Pavor: el loco Kim, el achinado reyezuelo gordezuelo, desátase. Algo muy serio se está cociendo. Alguien gordo está detrás (o delante) queriendo ensayar algo. Y un nosequé nos atribula y será pronto un sin vivir, porque si las armas nucleares siguen fabricándose hoy y se mantienen tiesas las de ayer, ¿es para no usarlas?... el pavor se sirve hirviendo... ¿no querías caldo mental?, ahí van tres tazas... y sopla.

En la tertulia reinó la inopia.

¿Habrá que acudir de nuevo a la profetisa de Matueca?... que vaya el hijo de Peláez, que se nos aburre, y le pregunte si la guerra gorda-gorda empezará por Corea... y dale 20 euros, que madame Rousé no perdona. A los diez minutos estaba de vuelta porque la profetisa había ido a Gijón llamada por el Sporting. Sacó resignadamente los 20 euros y dijo: cinco costó el recado, ¡amarraca!... y con el resto pagáis la ronda (salió listo el Pelaezín)... pero tengo otra respuesta, añadió: se lo pregunté a un mendigo de muy buenas pintas que se sienta siempre al pie de la capilla de la calle Ancha leyendo algún libro, ¿sabéis quién digo?, sí, es extranjero, pinta asceta, ni mira ni pide, sólo agradece con la cabeza... pues me dejó cuadrao... ¿queréis saber lo que me dijo tras echarle calderilla a la gorra y preguntarle si empezaría en Corea la III Guerra?... nos dejó en vilo... aaah, ¡y son 10 euros!, que ese tipo vale el doble que la profetisa, creedme, y sólo cuesta la mitad... aforamos (jodío Pelaezín) y abrimos bien las orejas... pues me dijo «pero chaval, ¿se puede ser más imbécil haciendo preguntas?»... (y Pelaezín salió pitando con la pasta).

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