Las vidas secretas de la lana

Recuperar la cultura de las merinas españolas es el objetivo de Trashumancia by Made in Slow, una plataforma que muestra desde hoy en Sierra Pambley la potencia de una industria casi perdida

El foro incluye, además de las conferencias, una exposición y un cuentacuentos y taller infantil. RAMIRO

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León

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cristina fanjul | león

Made in Slow es una plataforma española que nace de la necesidad de preservar y recuperar patrimonio y valores tradicionales que hoy en día encuentran serias dificultades para mantener su continuidad». Alberto Díaz es uno de los integrantes de este grupo, cuyos objetivos son definir proyectos viables sobre las actividades tradicionales españolas basados en criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental; difundir nuestra diversidad cultural y repercutir económicamente el consumo de los productos en el origen para mejora, recuperación y desarrollo de cada actividad sobre la que se realice un proyecto.

No es fácil. Se enfrentan a una sociedad que prima el precio y la manufactura industrial por encima de todo lo demás. Sin embargo, no por eso se dan por vencidos y hoy presentan, en la Fundación Sierra Pambley el Foro sobre la lana. En él se dan cita tres expertos: el propio Alberto Díaz, que hablará acerca de sus trabajos sobre la oveja merina trashumante, Manuel Rodríguez Pascual, veterinario y colaborador del CSIC, y Juan Manuel García Bartolomé, jefe del Área de la División de Estudios del Ministerio de Pesca y Agricultura.

El primero de los proyectos de esta plataforma es Transhumance by Made in Slow. «Con la lana merina española de nuestros rebaños trashumantes, apoyados en Boldi Filati, elaboramos una serie de hilados que recogen una historia y valor añadido», revela Alberto Díaz, que hace hincapié en el hecho de que todos ellos han sido desarrollados en España. Subraya además que producen toda una serie de productos enfocados al sector de la moda. Así, comercializan el propio hilo, bien para el sector industrial como para labores. Además, ofrecen a las diferentes marcas nacionales e internacionales hilatura y prendas de punto tanto de fabricación industrial como elaboradas a mano. «Una parte importante de nuestro proyecto es garantizar la transparencia del proceso, por lo que se da una especial relevancia al sistema de trazabilidad», resalta. En este sentido, precisa que se consigue mediante la unión de la tradición y el presente mediante la tecnología de los códigos QR. «Un seguimiento directo de todas las fases de producción, nos permite identificar cada hilo, tejido y prenda final con su procedencia. De esta manera el usuario final podrá conocer a cada pastor y su rebaño, así como las rutas que siguen durante días en busca de los mejores pastos, a los productores y artesanos y que hacen que este producto sea único, conectando con los valores patrimoniales que su consumo contribuye a preservar», explica.

La plataforma consigue asimismo establecer nuevas sinergias con diversos colectivos relacionados con el mundo del textil, arte y cultura que dotan a Transhumance by Made in Slow de un valor añadido sobre el producto final que será beneficioso tanto para el colectivo trashumante, como para los usuarios finales. Así, a finales de abril verán la luz las marcas Las Hidalgas y Las Hidalgas Home. La primera de ella esta enfocada al mundo de las labores, lanzando a la venta diferentes hilados todos ellos 100% lana merina trashumante española. «Con Las Hidalgas Home creamos una serie de edredones rellenos de lana merina trashumante española», subraya.

La historia

Por su parte, Manuel Rodríguez Pascual explicará en la charla de hoy que durante cinco siglos (XIV al XVIII) la lana proveniente las ovejas que pastan durante el verano en las sierras de León, Soria, Segovia y Cuenca, monopolizaron los mejores mercados europeos: Inglaterra, Francia, Flandes, Italia, se cotizaba en la bolsa de valores de Ámsterdam, y constituía la principal fuente de divisas del reino. «Sin embargo, la denominada lana leonesa, considerada como la más fina, blanca y de mejor calidad, era la más valorada y demandada en los mercados internacionales, para la confección de prendas de alta calidad», explica.

El científico precisa que en el siglo XVIII, España aún mantenía el monopolio mundial de la lana fina de calidad, y ésta conservaba una alta cotización en los mercados europeos. Asegura que sus beneficios no sólo se extendían a los grandes y pequeños propietarios de ganado merino, sino también a los pastores y jornaleros que trabajaban en los esquiladeros, lavaderos o se dedicaban al transporte de la lana (con miles de carretas y recuas de mulas) hasta los puertos de embarque (Bilbao, Santander,…), así como a comerciantes y marinos (fletes para el transporte marítimo).

Rodríguez Pascual manifiesta que la bonanza se extendió a los pueblos enclavados en las montañas de la meseta Norte, y en especial, a la montaña leonesa, ya que sus puertos de merinas (más de 400 de excelente calidad) eran los más cotizados del país por la finura de sus pastos. «Las mejores cabañas se peleaban cada año por encontrar un hueco dónde ubicar sus rebaños. Y por el arriendo de estos bienes de propios, los concejos obtenían, y aún lo obtienen en la actualidad, sustanciosos ingresos con los que hacían frente a todos sus gastos comunales, surtiendo, además, de pastores especializados (desde mayorales hasta zagales) a las grandes cabañas», sostiene.

Sin embargo, la llegada del siglo XIX originó una extracción masiva de merinos hacia otros países, su aclimatación y mejora en los mismos, con la pérdida del monopolio lanero y la caída del precio de la lana. «A partir del año 1818, tiene lugar un hecho insólito hasta el momento, y es que las lanas leonesas coticen en el mercado internacional de Londres por debajo de sus rivales de Sajonia», lamenta el veterinario, que añade que a partir de entonces la bajada en el precio de la lana propiciará un descenso constante de la trashumancia, en la demanda de los puertos y en los ingresos obtenidos por los concejos. Subraya que fue entonces que los beneficios de la lana que antes se derramaban por toda la montaña, van desapareciendo paulatinamente. «Desde entonces, nuestras montañas no volverán a recuperar su pujanza económica». Sin embargo, a pesar de que España ha perdido el monopolio, la lana sigue siendo un producto rentable para las explotaciones trashumantes, hasta que a mediados del s. XX, aparecen en el mercado las fibras sintéticas y se intensifica la producción de algodón...

Lugar: Salón de actos de Sierra Pambley.

Hora: 18.00 a 21.00 horas.

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Entrada: gratuita hasta completar aforo.