Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Obstinada parece la moda de rotularse el pellejo y dejarlo hecho una valla publicitaria, que en realidad es lo que es: vaya valla... y anuncie ahí cada cual sus gustos, delirios, lealtades o chulerías.

A tatuarse. Lo mandan.

Para aprender la cosa y tirarse el folio, la peña estudia o se fija en la piel de una cantante o un futbolista como si fuera la pizarra donde va la lección del día mandando copiar el garabato sorprendente, la ternura estomagante o el ladrido de victoria o amenaza, ya común. Y si no se lleva ya elegido el cromo, ahí va presto el tatuador mostrando al cliente un catálogo de orlas, mitos, florituras o votos tan gordo como una Suma Teológica.

El mundo del espectáculo es el que manda en el dictado de esta moda de tatuarse, hoy fiebre social, aunque no hace tanto lo de tatuar la piel con amores de madre, cruces fieras o corazones espinados se tenía por algo de mal gusto y reducido a marginales, convictos, legionarios grifaos... o tipos primitivos que sólo salen en los documentales.

Pero se ha logrado que tatuarse ya no sea ni original. Están todos: la nena, el mozo, el obrero, el pijo, el chungo... y hasta la abuela viajera que se hizo el primero en Estambul como de broma y ya no para.

Pero de entre todas las especies que se pintan, Peláez eligió una ruidosa que crece y crece, el gorilón tatuao, tipo cuadradote, bien cebao, peloto rapao militronchi, puebla gradas o gimnasios, es un estertor gráfico y viril que convierte su pellejo en una barricada machista-nacionalista-religiosa-futbolera-paternalista para que siga gritando por él cuando calla, con lo que logra que su piel sea también bocazas.

Este es un tiempo golirero... o gorilesco, duda Peláez mirando no sólo a Maduro, sino a la trama corrupta popular, tan gorilona y tatuada en sumarios judiciales... sus conversaciones grabadas, tan burdas o insolentes, quedarán tatuadas ya para siempre en la memoria social (tranquilos, dijo Sócrates, igual que se inventó el láser para eliminar tatuajes, también esa memoria se puede borrar; partidos, tribunas o púlpitos nos recetarán amnesia).

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