En la jaula de los algoritmos
Las cosas tienen vida propia, cada día más. La programación, la inteligencia artificial, el Internet de las cosas avanza sin que seamos conscientes de que la información que van almacenando sobre nosotros puede ser utilizada con fines maliciosos. El futuro nos obliga a estar cada día más alerta de lo que mostramos..
Cada día hay más electrodomésticos que son capaces de ser programados en remoto para hacernos la vida más fácil. CARSTEN KOALL
cristina fanjul | león
«Lo que tenemos que preguntarnos es el lugar en el que se almacenan todos los datos que recopilan; dónde almacenan toda la información que nosotros les regalamos sin pensar». Un experto en ciberseguridad leonés destaca que los grandes servidores en los que se almacena nuestra vida pueden estar en Estados Unidos, pero también, «y eso es lo que debería llevarnos a ser más conservadores con lo que exponemos de nuestra vida», en países «mucho» menos seguros. Estos datos se filtran a través de las redes sociales, pero también mediante las cosas de las que nos rodeamos sin ser conscientes. Son las things, en lenguaje de Internet, cosas, mecanismos que tienen capacidad de ser programados en remoto o recibir y transmitir datos, pero que carecen de capacidad de computación. Un frigorífico, por ejemplo, que sea capaz de avisarnos acerca de cuándo caduca la leche, un coche autónomo, la televisión, la lavadora... «El Internet de las cosas nos hace la vida más fácil, pero puede conllevar el peligro de que alguien pueda recopilar mis datos para causarme un perjuicio».
Así, en el análisis Inseguridad en infraestructuras críticas , los expertos de la universidad de La Rioja Manuel Sánchez Rubio, José Miguel Gómez Casero y Carlos Cilleruelo, destacan, por ejemplo, el peligro de Amazon: «Internet de las Cosas (IoT) está terminando de materializarse, y cada día las personas hacen uso de la tecnología para cumplir sus necesidades, desde pequeñas consultas cotidianas hasta poder comprar productos con un solo botón preprogramado. Un indicador de que el IoT está sobre la sociedad es la posibilidad de solicitar a la compañía de comercio electrónico Amazon un botón dash button que, cada vez que es pulsado por el usuario, enviará a su domicilio un pedido según los parámetros establecidos en el dispositivo (por ejemplo, para solicitar productos consumibles y cotidianos). Lo que parece ser un simple dispositivo electrónico al servicio del usuario esconde, a su vez, un foco potencial de inseguridad para él, ya que su utilización es únicamente un botón, pero tras este mecanismo existe, principalmente, un envío de datos a los servidores de la compañía, donde se realizará un pedido según la información de la solicitud emitida. Si cada vez que se pulsa un botón se realiza un pedido, la pulsación repetida de este botón supone, por tanto, la realización de un elevado número de pedidos, que supondrán un desembolso para el usuario. ¿Y si alguien fuera capaz de copiar ese envío y replicarlo malintencionadamente infinitas veces? ¿Es consciente el usuario de que está siendo víctima de este ataque? Y lo que podría ser más importante, ¿ha sido el usuario consciente de este riesgo en el momento de adquirir el servicio?», se preguntan.
En el mismo sentido se expresa uno de los mayores expertos leoneses en nuevas tecnologías, que previene de que el modelo de negocio siempre es el mismo: coger un poco a todos. Las smart tv ‘roban’ pautas de consumo, que son fundamentales para las empresas, ya que lo que les interesan son los datos agregados. «Amazon logra mucha información a través de intermediarios como Facebook, Twitter o WhatsApp», explica. Pone como ejemplo los mensajes que se pueden lanzar desde un grupo de chat de WhatsApp. «Al agrupar los terminales, consigue la agrupación por afinidad de números de teléfono», advierte, una información muy valiosa por la capacidad que tiene la empresa de relacionar los números con perfiles comunes.
Y es que las bases de datos grandes y estructuradas tienen un valor que él califica de «incalculable» y deja claro que lo importante no es tanto saber de qué están hablando dos personas sino el hecho mismo de que lo hacen. «No les interesa la orientación de su conversación», manifiesta. Esta teoría, en pleno auge, se denomina ingeniería social a través de algoritmos y analiza la noción que aparece detrás de los datos, detrás de lo que en lenguaje informático se denomina grafo: «Se trata de técnicas de estadística y computación para comprobar la distancia del grafo», manifiesta.
En cada uno de esos grafos, hay camarillas, subgrupos. El experto desvela que lo que más le importa a la empresa es saber a qué personas se mandan correos electrónicos, por ejemplo, porque a través de ese dato puede conocer quién está al mando. «Una empresa, por ejemplo, es una camarilla», indica, y precisa que se puede conseguir muchísima información simplemente con el número de correos que se cruzan. «Cuando quebró Enron se hicieron estudios y se pudo denunciar a los responsables por los correos que se enviaban», manifiesta. Fue así como supieron que los jefes eran los que siempre estaban en copia de casi todos los trabajadores y los que nunca ponían en copia a nadie en sus correos. «Hay convenciones que no se cumplen, pero básicamente, el comportamiento en Internet es similar al que se produce fuera», dice.
Este investigador destaca que las empresas como Google o Wikipedia tienen en la actualidad un gran poder sobre lo que pensamos. «Son ellos los que colocan determinadas noticias en los primeros puestos. ¿Quién decide si va antes lo que publica El País o lo que escribe Diario de León?», se pregunta el experto, que deja claro que los algoritmos son neutros, «no tienen ideología».
Sin embargo, constata que miden las veces que las páginas web están enlazadas. Es decir, cuantos más links consiga una información, mayor proyección tendrá. «Y todo se puede tunear», destaca de manera irónica, para expresar la gran cantidad de fraudes que cada día produce. «Se crean baterías de paginas webs, de perfiles de facebook que calientan el algoritmo», destaca el investigador. La postverdad es un algoritmo...