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CORNADA DE LOBO pEDRO TRAPIELLO
León

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N o se explica Peláez, exaltador de León como cuna de lo comunal y lo concejil (ya puestos, ¡venga otra cuna!), por qué ningún municipio de aquí, pueblo o concejo fue dueño de una sola mina de las miles de explotaciones a las que dieron licencia (y bienvenida) en todos estos montes y montañas para furacarles las tripas y llevarse lo que la naturaleza regalaba al lugar y sus moradores... y pregunta que, si había pueblos propietarios de fábricas de luz, canteras, aserraderos, montes, pastos o bosques, ¿no debió haberlos también para escarbar bajo sus pies y explotar comunalmente una riqueza mineral que siempre vinieron a esquilmar gentes de lejos o lejísimos sin más miramientos que la bolsa, pues la vida ya la ponían los lugareños?... no me digáis que no es raro... muchos dueños de estas minas ni siquiera pisaron esta tierra para conocerlas, las ordeñaban de lejos en consejos de administración de empresas que podía presidir el conde los Gaitanes, el marqués de Villaverde, exministros... las puertas giratorias de las eléctricas hoy estaban ayer en las minas.

Guillermo Pazos guitarreaba a lo Cafrune y nos cantó una lejana vez en una casa de comidas de Torre del Bierzo su lamento: «Las penas y las minas van por la misma senda... las penas son de nosotros y las minas son ajenas».

Y sin embargo, esas minas de «extranjeros» devorando valles que ya jamás saldrán del colosal destrozo paisajístico que han ido dejando por todo sitio tras agotar filones o subvenciones, esas minas, digo, lograron colarse en el identitario popular con santabárbaras y truenos, con asiento de honor en la memoria trágica, con lírica de viudas en el cancionero y, especialmente, con mucha épica y negritud novelera en la literatura... la mina como desafío, como totem de la explotación humana y como vuelta al útero devorador de la madre Tierra da mucho juego.

¿Y el futuro de la mina?... pues negro.

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El consejero Quiñones dice que el futuro energético de León está ahora en la biomasa, leña de la que arde, o sea, vuelta a la madera que arde en briqueta dejando cuartos o a cerillazos dejando montes de ceniza. Pero ojo.