CORNADA DE LOBO
Maquiavelo, vete
Manda huevos... y después manda flores a Sandra, que se va de la ciudad.
Puigdemont lo está pasando mal.
Fue su gran Primero de Octubre (que suena a plaza, fiesta nacional o submarino; esa pijez del 1-O es sólo uno-cero, victoria por la mínima)... pero de golpe, tras su «golpe», pasó de la euforia de verse mañana en libros de historia al gesto circunflejo y, al rato, circunspecto, y después, circunfuso... y sobre todo, circunciso, descapullado él y la rosa con que se hacía fotos.
Traidor, indecente y desleal le llaman los de la Cup amenazándole ahora con independizarse de él, ¡secesión!, se van de su pacto-patria y hasta se irían del propio Parlament (ah, bueno, pos molt bé, pos adeu). Están que bufan. ¿Hay que suponer ahora que los cachorros de Arran podrían ensayar al fin una «brega al carrer», réplica en modo borroko al brote ultrafacha y chulito que se deja ver por allí ultimamente?... eso y que además tienen pizarra donde copiar trucos y expertos amigos que dan buenos consejos: «¡pues habrá que dar unas hostias, Jordi!... pues habrá-habrá, Patxi... ¿te vienes?»...
Puigdemont lo está pasando mal.
Tiene el pobre cara de mancao, como se dice aquí: se mancó en el trance histórico. Las caídas históricas del guindo son el doble dolorosas por la costalada en sí misma y por el ridículo de haberse subido a ese árbol a pedirle peras creyendo además que era el olmo del que haría un Monserrat Arbre como quien dice un Gernikako Arbola.
Puigdemont lo está pasando mal.
Más que mal, fatal. Ya huele tanques y no le valdrán ni las artes políticas maquiavélicas recetadas para estos casos, pues Puigdemont -no sólo él- se pidió lo que Nícola Machiavelli le dijo por carta al historiador florentino Francesco Guicciardini en 1521:
«Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla»... también lo enseña la escolástica pispa: «si no puedes convencerles, confúndeles»... por favor, Maquiavelo, vete... y deja de dar ideas.