EL BAILE DEL AHORCADO
Julia
La independencia se consigue en la calle, no en el Parlamento». El comentario de un miembro de la CUP a la salida de la declaración de independencia deja claro cuál es el libro de instrucciones. Los puestos vienen después. Lo digo por la representación de la UPL, que no sirve para nada más que para constatar su irrelevancia. La Unión del Pueblo Leonés, con todos sus apósitos, sólo tiene futuro si desaparece, si se hace el harakiri y renace como algo nuevo. Es una marca quemada, achicharrada por el intrusismo, el clientelismo, el enchufismo, el transfuguismo… demasiados ismos para un partido que nació para reclamar una autonomía propia y que ha ido amancebándose con Castilla hasta convertirse en su coartada.
Me gustaría saber, ahora que parece que Luis Mariano Santos ha tomado la delantera del pelotón, qué sentido tiene un partido leonesista cuya vocación no es lograr la autonomía de León sino colocarse por si nos cae algo. Esto no va de caridad, no es eso, va de reivindicarse y es difícil lograrlo sin domicilio propio, si aceptas el papel de okupa en una comunidad ajena.
Es muy clarificador que tenga que venir un señor de Valencia a defender el derecho a existir de un leonés mientras los que deberían hacerlo cubren el expediente con un par de carreteras comarcales al año?. El senador Mulet es el síntoma de que el leonesismo tiene que cambiar de estrategia. Y de relato. El subconsciente revela que en esta región tan incierta ya hemos adoptado el papel de mendigo y estamos a la cola de la iglesia, a la sopa del pobre, a una dieta, un sueldo, un cargo, un puesto, aunque sea en el pelotón de fusilamiento. Para azuzar conciencias no hay que tener miedo al desamparo. Sólo al ridículo.
Ya no vale sólo con reivindicar la provincia, que está moribunda. El registro de defunción lo acaba de firmar la Junta, cuyo presupuesto para León se basa en rehabilitar la escoria de la mina. Todo el entorno de Nueva Julia, la mina que pretenden adecentar como paso previo al desahucio de la industria del carbón, se arrasó sin que nadie lo evitara. Esa es la realidad de León.