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pEDRO TRAPIELLO
León

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La memoria resucita mejor si se le pone música, las viejas canciones nos despiertan como nadie emociones dormidas o enterradas. Esas melodías vuelven alguna vez, pero al final van muriendo casi todas bajo el tonelaje de miles de nuevas que nos inventan al día, muerte que le llega incluso a los himnos o a las canciones litúrgicas más sagradas (¿en qué iglesia podría escucharse hoy aquel «Tantum ergo» en latín que repetían las beatas de fervor sin entender un pijo?).

Hay otra canción rarísima de oír hoy y, sin embargo, fue tremendamente popular en los años medios del difunto siglo XX, aquella tan pegadiza y de excursión que decía «Deeeee colores» y que cantaba entonces todo dios y todo diablo... ¿quién de los hoy jóvenes abuelos no recuerda la versión de Joan Baez?... también la cantaron Los Lobos, Pete Seeger, Arlo Guthrie... y fue himno oficial del sindicato agrario United Farm Workers of America ... buena panda de rojos, atajó uno... pero en España le valió de himno oficial al Movimiento Cursillista de Cristiandad y no hubo fiesta religiosa o colegio donde no se matraqueara... deeeee colores.... y todos a berrar en aquel autocar de Fernández caminito de Fátima... ¡todos!, decía el páter... de colores se visten los campos en la primavera, de colores son los pajaritos que vienen de fuera, de colores es el arco iris que vemos lucir... y por eso los grandes amores de muchos colores me gustan a mí.

Cuánto mensaje, cuánto conceto.

Ahora que la melodía va huérfana de dueños o devotos, Peláez cree que ya está tardando el colectivo gay en adoptarla como himno; ni progres yanquis ni meapilas recios están mejor representados en esa letra arcoiris tan pastel, infantilona y pegadiza... deeeee colores... y tan antigua (s.XVII), tan hispano-mejicana, rescatada por la tuna de la univerdidad de Guanajuato en 1940... y si los gays pasan, pídansela los diseñatas, decoratas, concejatas y todo artistata no llamado Banksy... o emigrantes, esos pajarillos (negros, amarillos, cobrizos, blancos) que vienen de fuera... y ahora, quede el lector cavilando qué coño será exactamente eso de un amor «de muchos colores»... uy...

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