Desterrado por maricón: Lucio, el modisto de las ricas

Es uno de los misterios de la historia de León. Lucio Carabias, el diseñador de la alta sociedad leonesa, se esfumó un día de 1969 y no se ha vuelto a saber nada más de él. Dicen que su condición de homosexual provocó su destierro y que el gobernador civil de entonces le salvó de las cárceles en las que el régimen enjaulaba a los ‘invertidos’.

Lucio Carabias fotografiado por Pepe Gracia.

Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

cristina fanjul | león

Desapareció de repente. Sus oficialas llegaron al taller y ya no estaba. Fue su tía la que les pidió que terminaran los encargos y les pagó lo que se les debía. Todo terminó pocos días después. Su atelier, en la avenida José Antonio, uno de los centros de la elegancia de la provincia, se cerró para siempre.

Se llamaba Lucio Carabias y había sido, durante casi veinte años, el diseñador de la alta sociedad leonesa. Si hubiera vivido hoy la palabra elegida para definirle sería la de creador, el modisto de las celebrities. Sus anuncios aparecían en el periódicos cada día, cedía sus diseños a las fiestas de caridad y era uno de los protagonistas de la vida social de la ciudad. Y todo eso a pesar de que los que eran como él llenaban por entonces las cárceles franquistas. Lucio Carabias era homosexual y no lo ocultaba. Al revés. Dicen los que le conocían que su contacto a diario con las mujeres de los hombres más poderosos de la ciudad le hacía sentir intocable. Acudía con su pareja a los locales de moda, como el Cantábrico, donde en aquella época se celebraban timbas y partidas de ajedrez que han quedado grabadas en la pequeña historia de la ciudad.

El primer taller estuvo en la avenida de Roma, pero pronto se le quedó pequeño. Su talento hizo que la clientela se multiplicara y su negocio creciera. A los pocos años, se trasladó a la avenida de José Antonio (ahora Gran Vía de San Marcos) y con ello aumentó el número de oficialas y trabajadores. «Era un entorno de trabajo muy agradable. A su casa acudía la ‘nata’ de la sociedad leonesa. Los encargos crecían de día en día y los peques —así llamaban a los niños que repartían a domicilio— no daban abasto». Esta oficiala, que prefiere mantener el anonimato, destaca que todas ellas aprendieron mucho con Lucio, tanto que al cerrarse el taller continuaron ejerciendo la profesión. «Éramos jóvenes y nos había enseñado mucho del oficio», explica. Lamenta las habladurías y asegura que Lucio nunca hizo nada escandaloso. «Hubo mucha gente en León que le criticó después de que se fuera, cuando antes acudían a su casa», recuerda. Hay cientos de diseños de Lucio en las páginas de Proa y de Diario de León, pero no abundan fotos suyas. Una de las pocas la realizó Pepe Gracia. En ella, el diseñador aparece con medias de bailarín. Y es que el ballet era una de sus pasiones. «Bailaba en el taller todos los días», asegura la modista.

En León, al contrario de lo que ocurrió en otros lugares de España, no se encarceló a nadie a causa de su orientación sexual y si se hizo fue, según las fuentes consultadas, «por cuestiones puntuales que tenían otros componentes». Y eso a pesar de que desde los primeros años del régimen ya existía una herramienta para ponerles coto. Se hacía a través de la ley del escándalo público, recogida en el artículo 431 del Código Penal. Además, en los años cincuenta, la conocida norma de Vagos y Maleantes se modificó para incluir en ella a los homosexuales. El propósito de esta ley era proteger a la sociedad y reformar al reo y fue así que comenzó a condenarse a los gays al internamiento en un establecimiento de trabajo y en instituciones especiales. Este internamiento no podía ser superior a tres años. Asimismo se les prohibía residir en determinado lugar o territorio, que solía coincidir con el de su residencia habitual, y a estar sometido a la vigilancia de los delegados.

El sobrino de Lucio, Fernando Carabias Ballesteros, destaca que su tío era una personalidad en el León de entonces. «Ganaba mucho dinero porque todas las ricas acudían a su taller», afirma. Como anécdota, cuenta que un día su madre perdió un reloj, «barato, no creo que costara demasiado», y al día siguiente Lucio le regaló uno de oro. «Costaba 5.000 pesetas, una fortuna para la época», asegura.

En cuanto a la condición sexual de Lucio, sostiene que más que homosexual, el diseñador era travesti, una circunstancia que resultaba aún más ‘ofensiva’ para el régimen. «Comenzó a salir con un hombre, un tal Fernando, y fue entonces cuando comenzaron todos sus problemas», sostiene. Y es que, según asegura Fernando Carabias, su tío tenía la intención de celebrar una fiesta en la que contraería matrimonio ficticio con su pareja. «Eso fue lo que debió colmar el vaso», lamenta.

Raquel del Palacio con una de las creaciones de Lucio.

Lucio se trasladó a Valencia, donde comenzó a trabajar en una firma de moda. «Les hizo colecciones enteras, pero no le pagaron y se fue», recuerda Fernando, que añade que el siguiente destino de Lucio fue Tenerife. «Fue muy amigo de César Manrique, el artista», asegura Fernando.

«Luis Ameijide le salvó»

Son muchos en León los que creen que Lucio Carabias fue desterrado por su condición de homosexual. Sin embargo, el extrañamiento no estaba entre las leyes franquistas.

Es un hecho que Lucio Carabias desapareció de la noche a la mañana, si bien se desconoce qué ocurrió. Son muchos los que aseguran que detrás de su ‘huida’ estaba el gobernador civil de León, Luis Ameijide. Las mismas fuentes sostienen que el político le ‘chivó’ que iba a ser detenido y le recomendó que cambiara de ciudad. No era la primera ocasión en la que Ameijide prestaba su ayuda sin mirar el carnet político ni la condición de la persona que le pedía socorro. Sin ir más lejos, el también jefe provincial del Movimiento fue la persona que apoyó a José Vela Zanetti en su regreso a España tras el exilio, quien le avaló para conseguir sus primeros encargos artísticos, gracias a lo cual el creador pudo salir adelante. Fueron muchos los que acudieron a Ameijide para lograr que se les borraran antecedentes republicanos con el fin de optar a puestos que de otra manera no habrían estado a su alcance. Fue el caso de Waldo Merino, a quien Ameijide ayudó a lograr la Cátedra obviando su pasado. A pesar de todo, nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió. La última vez que aparece la pista de Lucio Carabias es en 1980, diez años después de su desaparición, en una esquela por el fallecimiento de su hermano Emilio. Su sobrino no sabe si murió o si sigue vivo. «¿Quién sabe? Pueda que aún no haya muerto...

Cargando contenidos...

Luis Ameijide, gobernador civil de León, junto a Lola Flores. DL.