A Herminia Francisco se le apagó el sol

La segunda mujer más anciana de la provincia falleció ayer . a los 109 años en Santa Olaja de la Ribera, donde pasó su vida .

Herminia Francisco celebró en noviembre su 109 cumpleaños. JESÚS

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maría j. muñiz | león

Herminia Francisco nació el 2 de noviembre de 1908 en Villarroañe, aunque pasó casi toda su vida en Santa Olaja de la Ribera. Ahí, en casa, cerró los ojos por última vez a las 20.30 horas de ayer. Recibió en Navidad la visita de la parte de su familia que pudo acercarse hasta León en estas fechas, y anoche puso fin a una historia de 109 años de vida, trabajo y una salud de hierro que sólo el agotamiento de la edad pudo vencer. Ni una enfermedad. Sólo dos fracturas de cadera que para su fastidio la condenaron a una silla de ruedas. Para entonces había pasado ya el siglo de vida.

En los últimos meses este agotamiento se había hecho más evidente, aunque no renunció a la tarta de su último cumpleaños. Golosa siempre. Y pendiente de una familia de cuatro hijos, siete nietos, ocho biznietos y un tataranieto, que en las últimas semanas empezaban ya a mezclarse en su memoria.

No antes. Hasta hace poco recordaba sobre todo los años mozos, las fiestas de los pueblos y lo que le gustaba bailar. O cuando vio el mar en Gijón. «¿Qué hace toda esta gente por aquí, es que no tienen que trabajar?», se sorprendió ante el bullicio del paseo marítimo.

Porque si le preguntaban por su vida la resumía en un ir y venir constante a ‘mullir’ las tierras, entre pucheros y cuidado de chavales. Y en la ya demasiado larga ausencia de su marido, que murió joven, hace más de medio siglo. Desde entonces esperaba en el fondo un momento que al fin ha llegado, aunque mucho después de lo que ella pronosticaba cada poco.

Herminia tenía genio («eso dicen ellos», se encogía de hombros poniéndolo en duda) y salero, para eludir responder a lo que prefería obviar. Desde que la silla de ruedas se convirtió en su inseparable compañera renegaba de no poder andar por el pueblo como le gustaba. Aunque no perdía ripio de las cuitas de los famosos de la tele ni de los galanes de las revistas con las que se entretenía. «¿Has visto un hombre más guapo que este?», señalaba a un apuesto actor de cine.

La visita de sus hijos y demás descendientes era siempre motivo de alegría. «Tienen mucho que hacer, algunos viven muy lejos. Pero vienen poco». Hasta los que iban todos los días. Todo era poco para la abuela mimosa.

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El momento favorito del día, salir a tomar el sol al patio. «Lo hizo toda la vida. Es lo que la ha dado energía. En cuanto puede sale a ponerse al sol», decían sus hijos e hijas. Un sol que ayer se apagó ya para Herminia.