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Liturgia dominical Florentino Alonso Alonso
León

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H emos iniciado la Cuaresma. Nueva oportunidad para vivir la conversión como larga preparación a la fiesta de Pascua. El salmo 24, en este I domingo, nos sirve para concebir este tiempo como un camino de misericordia en el que Dios, por medio de su Palabra, enseña a los humildes a vivir con rectitud y lealtad; un camino para los pecadores a los que Dios les muestra su ternura y misericordia y para todos los que quieren conocer a Dios y vivir en comunión con Él, superando las actitudes de pecado.

El evangelio de Marcos nos presenta a Jesús«empujado al desierto por el Espíritu» para discernir su misión y conseguir su primera victoria sobre el pecado. Al igual que el antiguo pueblo de Israel caminó cuarenta años por el desierto, lugar de prueba y encuentro con Dios, Jesús inaugura su vida pública con un tiempo de prueba y encuentro con Dios Padre. Jesús fue tentado por el mal («dejándose tentar por Satanás»), pero luchó con la fuerza del Espíritu y de la Palabra de Dios y superó la tentación, saliendo vencedor de la prueba. Nosotros experimentamos también la tentación diaria y las consecuencias paralizantes del pecado. La vida es lucha.

Pero para esta lucha contamos con la fuerza del Espíritu regalado en el Bautismo. La Cuaresma es un camino de conversión para vivir el renacimiento bautismal de la Pascua. La primera lectura presenta el pacto que Dios hace con Noé tras la nueva creación nacida de las aguas del Diluvio. El arca de Noé, con los pocos salvados al cruzar las aguas (cf. 1 Pe 3,18-22), era símbolo que prefiguraba el Bautismo y los salvados en las aguas bautismales. En el Bautismo el hombre se sepulta bajo las aguas para lavar y purificar las manchas del pecado y, al salir de ellas, resucita con Cristo a una nueva vida. Así participamos de la muerte y resurrección de Jesucristo, nueva y definitiva alianza de Dios con todos los hombres, más profunda que el pacto hecho con Noé. Para vivir esta gracia es bueno tener delante las palabras de Jesús al inicio de su misión pública y al estreno de esta Cuaresma: «Convertíos y creed en el Evangelio».

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