La sanidad cambió en León aquel mayo del 68
Un camionero accidentado inauguró. los quirófanos de la residencia Virgen Blanca. Fue la primera operación realizada en el edificio nuevo, equipado con la última tecnología de la época. La operación la realizaron el cirujano Jacinto Sáez y el anestesista Félix Vidal. Pero hay más. Cinco de los primeros médicos cuentan aquel mayo del 68 sanitario leonés.. años del Virgen Blanca.
carmen Tapia | león
Llegó herido tras un accidente de tráfico mientras desmontaba la rueda del camión, que salió disparada y le llevó parte del cuero cabelludo. Lo intervinieron el cirujano Jacinto Sáez y el anestesista Félix Vidal. Fue el primer paciente que inauguró los nuevos quirófanos de la residencia Virgen Blanca. Aquel mayo del 68, la sanidad leonesa iniciaba sus propia revolución.
La inauguración de la residencia Virgen Blanca, el 6 de mayo de 1968, compitió en primera página del Diario de León con los «centenares de heridos en los disturbios estudiantiles de París», como se podía leer en el título que ganó la relevancia en primera página a la bendición del obispo Almarcha de aquel coloso sanitario de 362 camas que costó 125 millones de pesetas, con la presencia del entonces ministro de Trabajo, Romeo Gorría. Pero la residencia inició sus primeros pasos los días previos a esa fecha. Al edificio de 18.000 m2, construido en una superficie de 38.000 m2,, llegaron 200 profesionales sanitarios de los que 34 eran médicos —3 anestesistas, 1 de medicina interna, 2 pediatras, 2 radiólogos, 4 cirujanos generales, 2 ginecólogos, 3 oftalmólogos, 3 otorrinos, 2 tocólogos, 3 traumatólogos, 3 urólogos y cinco médicos residentes. Hoy, cincuenta años después, el Complejo Asistencial Universitario de León (Caule) se ha convertido en una gran empresa en la que trabajan casi 4.000 personas, realiza una media anual de tres millones de actos sanitarios y maneja un presupuesto anual de 275 millones, el doble que el del Ayuntamiento de León.
Aquel mayo del 68, la Residencia del Seguro de Enfermedad del Instituto Nacional de Previsión nació para dar asistencia sanitaria a una población de 250.164 beneficiarios. Hasta ese momento, en León convivían una veintena de clínicas privadas. «Tras la apertura del Virgen Blanca desaparecieron casi todas», recuerda el anestesista Salustiano López Contreras, uno de los profesionales que inició la andadura que cambió el panorama sanitario en un edificio de 45 metros de altura y once plantas, obra de los arquitectos Del Busto González y Díaz López-Negrete.
Las recién estrenadas dependencias se llenaban entonces mayoritariamente de mujeres con bocio, accidentes laborales y de tráfico y quistes hidatídicos en los pulmones y en el hígado. Algunas de esas dolencias han desaparecido casi por completo de panorama clínico «por un mayor control sanitario», asegura Félix Vidal. «El 30% de las personas que operábamos eran mujeres con bocio que llegaban de La Cabrera, sobre todo, por falta de yodo», explica el primer jefe de Anestesia de la residencia, Félix Vidal Terán. Los dos anestesistas, Salustiano López contreras y Félix Vidal son parte de un grupo de primeros trabajadores del centro que quieren reunir al mayor número posible de compañeros de la época para celebrar esta efemérides. Los gestores del Hospital de León también preparan un completo programa de actos para el mes de noviembre, avanza a este periódico el delegado de la Junta en León, Guillermo García.
«Tenía 37 años. Recuerdo que mi sueldo era de 18.000 pesetas. Trabajábamos por turnos de ocho horas y las instalaciones estaban equipadas con lo mejor de la época. Y algo muy importante, como éramos pocos nos conocíamos todos y había una muy buena relación. Hoy todo eso ha cambiado».
El traumatólogo vallisoletano José Antonio Cantero Blanco llegó a León tras hacer la especialidad en el Hospital Arado de Sama de Langreo. Aquí se quedó. «Llegué con 28 años. El jefe de servicio era Manuel Ramos. No había lista de espera. Gestionábamos todo el papeleo de los quirófanos nosotros mismos desde la consulta. Las prótesis de cadera y de rodilla no existían».
El traumatólogo Enrique Fidalgo Calzadilla, de Armunia de la Vega, llegó a León procedente del Gran Hospital de la Beneficiencia del Estado en Madrid. «En León veíamos mucha patología de pies y tratábamos a muchos accidentados en la mina». Y una novedad que ya empezó a introducirse en los quirófanos. «En León comenzamos poco a poco a introducir la anestesia epidural en ginecología, pero no en partos», explica el anestesista Félix Vidal. «Éramos tan pocos que no podíamos hacer mucho más».
El pediatra Hipólito Ramiro accedió al centro por oposición. «Estuve en el ambulatorio de La Condesa y en la Maternidad. Había mucha mortalidad infantil. Todas esas condiciones fueron cambiando con el tiempo, afortunadamente».