EL BAILE DEL AHORCADO
La diferencia entre ser y trabajar
¿Cuántos de ustedes ganan 84.000 euros al año? ¿Cuántos trabajadores de este León encarrilado hacia la desaparición aspiran a ganar hoy en día menos de la mitad de eso? ¿Cuántos de los jóvenes que consiguen trabajo gracias a la colaboración entre poder y academia recibirán nunca algo más de 18.000, as much, mientras los que lo anuncian a bombo y platillo se aprovechan de su miseria para acaparar el foco? Cuatro de cada cinco nuevas empresas no tiene ningún empleado. Llamarlas empresas es, por lo tanto, un dolo del lenguaje, falso de toda falsedad, porque utilizan una palabra con la que camuflan una realidad opuesta al significante para el que nació. Eso es retórica vacía o, peor, magia negra. Si quisiéramos acercarnos a la verdad, que es lo que buscamos con esta manera de relacionarnos, podríamos llamarlas nanoempresas, aunque ni siquiera así llegaríamos a exprimir todo lo que significan.
Porque para que haya una empresa, debe haber organización, jerárquica o no —eso ya queda al albur del tipo de personas que la manejen— diferentes gestiones del trabajo, nóminas, pago de impuestos y, sobre todo, beneficios. Lo contrario, el mundo en el que estamos, es un lugar atomizado en 40 millones de falsos empresarios o falsos autónomos, esclavos a los que permitimos tener la ilusión de que cuentan con el derecho al trabajo, cuando con lo único de que disponen es su obligación a abonar las obligaciones con el fisco. No es más que trabajo a cambio de precariedad: tú me cedes tus derechos y yo, a cambio, te dejo colaborar, te permito formar parte de algo, porque, como decía Chesterton, quien no cree en Dios, cree en cualquier cosa.
Se preguntarán quiénes son los que ganan a día de hoy en León más que el presidente del Gobierno. Se les llaman procuradores liberados, y su sueldo nace al albur de una sola exigencia: tienen la obligación de estar siempre en las Cortes o trabajando para sus representados. 84.000 euros ganan. Casi nada. Lo mismo que cualquiera de nosotros. Es la diferencia entre ser y trabajar.