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León

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Sandra Pérez tiene 22 años pero lidia con el dolor desde los 12. Hasta ahora, ningún médico sabe la causa de sus dolores «terribles» de cabeza, sus ausencias, la pérdida de esfínteres que sufría cuando era más pequeña y le daban las crisis de dolor. «No me creían. Decían que estaba fingiendo y lo hacía para llamar la atención». El diagnóstico que tiene sobre su mesa es el de cefaleas occipitales. «Mi madre me llevaba a urgencias y me ponían un tratamiento que no funcionaba», recuerda. «Yo sufrí mucho y mi madre también. Llegó un momento en que ya no quería hablar con los médicos, no me entendían, ni quería comer. Cogí una depresión». La enviaron al psiquiatra. «Hace 7 años me derivaron a la Unidad del Dolor y me pusieron un tratamiento de pastillas». Los médicos decidieron esperar a que acabara su desarrollo para seguir ‘investigando’ la causa de su dolor, que cada vez es más generalizado, por todo el cuerpo. Me están haciendo pruebas de descartar enfermedades graves y esperar a que acabe el desarrollo para ver qué tipo de tratamiento me ponen».

El 10% de los dolores se cronifican si no se encuentra la causa que los provoca. Para ello hay que hacer una auténtica labor policial.

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