LEONESAS DE AYER Y HOY SILVIA VILLAR CASTAÑO
La mujer que prefirió el taller al ordenador
ana gaitero | león
Silvia Villar Castaño, nació en Torneros de la Valdería y se crió con la vista puesta en las manos de su padre, un hombre «muy manitas» que aparte de su trabajo siempre anda en casa cacharreando. De la experiencia y la imitación en casa pasó a desarrollar la afición y la vocación por la ingeniería.
Cuando llegó la edad y superados los cursos necesarios de bachillerato y selectividad entró en la Escuela de Ingenierías de León y se graduó como ingeniera técnica. Una breve experiencia laboral en una empresa del ramo financiero la pusieron frente a una decisión importante para su futuro profesional.
Hace dos años se matriculó en el ciclo de formación profesional de grado superior en mantenimiento de instalaciones térmicas y fluidos en el Centro Integrado de Formación Profesional Tecnológico e Industrial del polígono de La Torre.
«Decidí meterme en un grado para experimentar la parte más manual, que en la ingeniería no se da», explica. Esta semana se gradúa después de superar el período de prácticas en una empresa en el área de mantenimiento, siendo la primera mujer que ocupa este puesto. Cuando llegó al instituto se encontró con una clase en la que también era la única mujer. Tras dos cursos, nunca ha sido un verso suelto en esta formación marcadamente masculinizada. «Ha sido una experiencia muy positiva en cuanto al compañerismo», admite.
Nunca se ha sentido rara ni una extraña al lado de los 19 hombres con los que ha compartido aula y experiencia formativa. A la gente le resultaba extraño. La pregunta de «¿cómo te tratan?» se la han repetido en su entorno hasta la saciedad. «No me tienen que tratar diferente, ni como una reina, ni tampoco discriminarme, sino como una más», subraya.
Una experiencia que, sin embargo, choca con la de otras mujeres que han querido acceder a este mundo profesional masculinizado y se han visto obligadas a desistir, como confesó una colega durante las jornadas Mujeres Creando en las que Silvia Villar Castaño ofreció su testimonio ante el público leonés.
Esta joven que cambio el taller por el ordenador como preferencia para desarrollar su actividad profesional anima a las chicas a dejarse llevar por sus habilidades y sus deseos y no por los estereotipos de género a la hora de elegir su camino profesional en la vida.
«Si algo para lo que ven que tienen capacidad que no se dejen llevar por una etiqueta», subraya.
En las carreras técnicas e ingenierías el déficit de mujeres es todavía una brecha en la igualdad, con apenas una de cada cuatro estudiantes femeninas en estas carreras después de más de un siglo desde que las mujeres pudieron acceder a los estudios universitarios.
Aparte de los estereotipos, la falta de referentes en los que las niñas y jóvenes se puedan mirar es una de las causas que, según los expertos, hace que no se haya avanzado. Así que la incorporación de mujeres como Silvia Villar Castaño a estas ramas profesionales no es sólo un hito personal sino también social.
Según un estudio publicado por Técnica Industrial de Mónica Ramírez, las preferencias de las mujeres en las ingenierías favorecen a las ramas químicas frente a las mecánicas. El laboratorio frente al taller. El ordenador frente al taller. Justo lo contrario de lo que decidió Silvia Villar.
Así, en la ingeniería biomédica y salud se alcanzan cifras paritarias de matriculación en las universidades españolas. La Fundación Telefónica lanzó el año pasado una publicación para analizar por qué las chicas no cuajan en las vocaciones técnicas y científicas. El estudio destaca que aunque en un principio parece haber un acuerdo entre las mujeres en considerar que desarrollan esta vocación desde edades tempranas, también reconocen la influencia que otras personas de su entorno tuvieron a la hora de elegir la carrera.
Curiosamente, muchas de ellas responden al mismo perfil que Silvia Villar Castaño: «Muchas jóvenes ingenieras plantean que el hecho de que sus padres contaran con ellas desde pequeñas para ‘cacharrear’ con cuestiones técnicas o mecánicas, les hizo desarrollar un interés especial por los aspectos tecnológicos».
Un dato que obliga a reflexionar también sobre el ámbito del juego, donde se recrea la vida real, y los juegos sexistas. A partir de la investigación realizada, Telefonica puso en marcha el programa Horizon 2020 para promover las vocaciones tecnológicas y científicas de jóvenes estudiantes, sobre todo las que tienen edades entre los 13 y los 17 años.
Silvia puede que empiece a dejar de ser una excepción en los próximos años en las ingenierías, porque hay más chicas que hacen el bachillerato tecnológico pero en el campo de la Formación Profesional queda mucho por hacer.