Diario de León
Publicado por
GARCÍA TRAPIELLO
León

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La ventaja de ser ese pueblo lugar mordido de despoblamientos (en ningún caso revelaré su nombre) es que la junta vecinal ya sólo la forman dos de los últimos siete vecinos que, en contra de la tradición local, resultan bien avenidos, así que no les fue difícil acordar su particular y secreta rebelión ante la incuria y silencio de la capital al decidir restaurar por su cuenta el viejo azud que apresaba su río restableciendo la derivación de aguas hacia el viejo molino maquilero que en el pasado molturaba lo mismo que fabricaba luz. Se rebelan. Han pasado de solicitar permisos sistemáticamente denegados y abordarán la obra de modesto coste. En el molino instalarán una turbina automática Westinhouse, acumuladores y su tendido eléctrico para derivar la producción sobrante a la red general que por ley deberá ser pagada al precio residual del kilowatio del último 31 de diciembre. Estiman por este concepto unos ingresos estimables que les permitirán resolver no poco gasto público y alguna inversión. La obtención de esta energía limpia les permitirá a su vez encarar el viejo sueño del presidente de la junta, exguarda forestal de aquel paraje: establecerán un rebaño de setecientas cabras en los piornales y pastos del puerto con su pequeña fábrica de quesos y una industria artesanal de madera extraída de sus propios montes comunales librados in extremis de ser incautados hace dos años por el Estado, objetivos estos que próximamente se ampliarán con la rehabilitación de sus viejas escuelas y la parada de sementales para su aprovechamiento residencial y turístico. Naturalmente, aparte de una familia rumana con la que han apalabrado su ocupación con el rebaño, esperan que las fábricas de quesos y maderas crearán una docena de empleos al menos y, gracias a ello, dan por hecho el inicio de una lenta repoblación del sitio. Cuando ayer, concluíado el azud, instalaban las compuertas de la presa, se personó una patrulla de la guardia civil escoltando a dos funcionarios de la Confederación que gritaron ¡eh, usted, el que escribe, despierte!... y es que el que estaba soñando era yo.

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