LEÓN / SOLIDARIDAD
Nariz roja de León para acallar bombas
El ingeniero astorgano Nacho Morán está de payaso en Ucrania. «Ingeniero aeronáutico cuadriculado por la mañana y por la tarde un payaso». Así se define este leonés que desde hace doce días está en la línea roja del conflicto ucraniano con Payasos sin Fronteras. Los coches blindados de Acnur trasladan a una ‘troupe’ a las zonas en las que el ruido de los morteros desdibuja la sonrisa de los niños
Una niña ucraniana levanta la nariz roja del leonés Nacho Morán durante un espectáculo. JORGE SIERRA
Los coches blindados de Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) trasladan a una troupe de voluntarios con narices rojas por las zonas de conflicto en Ucrania. Son la Familia Patata —el ingrediente más repetido en la gastronomía ucraniana—, un grupo de cuatro Payasos sin Fronteras entre los que se encuentra el astorgano Nacho Morán Seijas, un ingeniero aeronáutico «cuadriculado de día, por las tardes un payaso», como él mismo se define. El objetivo de Curriquilla, Pepo, Fifi y Celemín, o lo que es lo mismo, Silvia Arriscado, Pepo Rueda, Alicia Benito y Nacho Morán, junto al fotógrafo Jorge Sierra, autor de las fotos de este reportaje, es arrancar una sonrisa a los niños y niñas del país, desdibujada por el ruido de los morteros por un conflicto que se inició en el año 2013 tras el levantamiento contra la gestión del presidente prorruso Víktor Yanukóvich. Es el contrapunto en el que ha convertido su vida este leonés. «Me hice payaso porque echaba de menos esa forma de comunicación que radica en el juego, más allá de las máscaras que todos nos ponemos en nuestro día a día».
El viaje de Nacho Morán es posible gracias, en parte, a la colaboración de los leoneses que asistieron a la gala organizada por la oenegé Payasos sin Fronteras en León en el Teatro San Francisco en el mes de mayo.
«Hoy acabamos de regresar de hacer nuestra función número 20 en una escuela de música en Toretsk, una ciudad que recientemente ha pasado a estar bajo el control del estado ucraniano. Llevamos varios días paseando nuestras narices rojas por la misma línea roja del conflicto». Nacho Morán aprovecha un descanso en su trabajo como payaso en Ucrania para comunicarse por wasap con este periódico. Está emocionado porque los niños y niñas de la zona responden con sonrisas al espectáculo, orientado tanto a la población desplazada como a la que aún se resisten a dejar su casa frente a la amenaza diaria de la guerra. «Ayer, una hilera de unos 200 niños esperaban ansiosos a que abriéramos las puertas del salón de actos en el colegio número 5 de Adviyivka, a tan sólo 7 kilómetros de la ciudad de Donetsk. Por lo que nos cuentan, en este pueblo todas las noches se sigue escuchando el sonido de los morteros». El objetivo de guerra es una zona industrial que se encuentra a unos pocos kilómetros más allá «aunque esos proyectiles no siempre alcanzan su objetivo impactando en el propio pueblo».
La expedición de Payasos sin Fronteras trabaja en Ucrania con Acnur, que se encarga de organizar tanto los lugares en los que actúa la oenegé como de la logística del traslado. «Siempre contando con la información de la última hora del lugar».
«Empezamos en la región de Kiev, en la que hicimos once actuaciones en tan sólo cuatro días. Continuamos con el área de Jarkóv con dos espectáculos, uno de ellos con motivo del Día Mundial del Refugiado, y de ahí nos hemos trasladado a Sloviansk, lugar en el que llevamos cuatro días trabajando directamente sobre la zona de conflicto».
Los payasos actúan en colegios, orfanatos, hospitales, centros sociales, de discapacitados y plazas. «Vamos adaptándonos a los lugares y público, combinando la magia y el circo con la excentricidad impredecible de los payasos».
Este leonés ingeniero en Enaire (antigua Aena) en Madrid, dedica tiempo a su afición de payaso con ‘Anticiclón Clown’ «pero me gano la vida como ingeniero», aclara. Pero lo que le da la vida, sin embargo, es hacer reír a los niños y niñas que pasan por dificultades. «Estamos visitando lugares y encontrándonos con niños y niñas que han perdido a sus familiares en ataques y que ahora mismo pasan por traumas importantes». Los payasos ayudan a soportar esa carga. «Uno de los grandes potenciales de los payasos es que terminan conectando con su lado más humano. El de los pequeños y también el de los adultos», asegura.
Ucrania es el tercer destino de este leonés, que colabora con Payasos sin Fronteras desde 2010. En 2015 viajó a Bosnia i Herzegovina y en 2017 a Colombia. «Los niños y las niñas con más similares cuanto más pequeños son. A medida que van siendo educados se van amoldando en términos generales a las normas sociales de cada sitio. En el Este de Europa, la Educación parece más estricta que en España o Colombia, y eso se nota en la forma en la que los niños muestran sus emociones. Se comportan como si fueran más serios, pero en realidad están deseando el despiporre, como todos».
La expedición ha actuado ya para 1.800 beneficiarios pero quedan aún otras nueve espectáculos en Severodonetsk. Los payasos regresarán el día 29.
¿Qué hacen los payasos?
Payasos sin Fronteras trabaja para potenciar la interacción positiva con la infancia que vive contextos de crisis humanitaria y social grave, con el fin de aumentar la capacidad de resiliencia y hacer acompañamiento.
La Familia Patata, con los niños y niñas ucranianos . JORGE SIERRA