Venid a descansar
E l desarrollo tecnológico ha generado la llamada «cultura del ocio», con lo que se nos abren más posibilidades de poder disfrutar del tiempo libre. Sin embargo, parece que nos falta una educación que nos permita sacar partido al descanso. Un ejemplo: de las vacaciones, o regresamos más cansados por la hiperactividad y los viajes, o en ellas caemos en una inactividad que paraliza y genera frustración al volver a la vida ordinaria (el «síndrome post-vacacional»).
Todo en nuestro tiempo nos empuja a ser extrovertidos. También lo somos cuando buscamos diversión o descanso que, a menudo, se une a unas realidades que condicionan su valor: el alcohol, los viajes, los lugares paradisíacos, el despilfarro… Algunos, muchos menos, buscan el sosiego y la paz interior a través de la espiritualidad oriental: el yoga, el zen…
Los cristianos damos un valor especial a las palabras de Jesús: «Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco» (Mc 6,31). Nos invita a descansar con Él. Algunos tal vez desestimen esta propuesta. Pero ahí está: invitación al mayor descanso desde el interior, en buena compañía, con quien es fuente de paz y puede llenarnos de vida y energía. Es verdad que quien vive el evangelio de Jesucristo no vive ensimismado, sino que ha descubierto en el servicio a los demás el sentido de su vida. Por eso, también el descanso se convierte en medio necesario, no para aferrarnos a nuestros intereses egoístas, sino para recuperar fuerzas y así poder seguir sirviendo a los demás.
Es evidente que crece el número de personas que dan esta dimensión a sus vacaciones; pensemos en los jóvenes que dedican su tiempo de descanso a distintos voluntariados; o en los que buscan experiencias de servicio junto a misioneros en países en dificultades. ¿No será que nos vamos hartando de tanto matar el tiempo? Jesús insiste en su invitación: «Venid a mí los que estáis cansados» (Mt 11,28). Arriesguémonos a descansar a su lado; seguro que no nos sentiremos defraudados.